Dos de las nominadas el año pasado –Glee y Mad Men– vuelven a competir en esta ocasión por el premio al mejor diseño de vestuario. Su principal competidora será el ambicioso trabajo de Gabriella Pescucci para Los Borgia. Boardwalk Empire, con su revisión del mundo de los gángsters ,y Juego de Tronos, con su vestuario de fantasía, completan la lista de estas cinco nominadas que reflejan formas muy diferentes de entender el diseño de vestuario.

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John Dunn, Courtney McClain y Chris Peterson por Boardwalk Empire

John Dunn recibió su primera nominación a los Emmy en 2008, por su trabajo en Mad Men. Este año la nominada por Mad Men es su sustituta, Janie Bryant, y Dunn acude al certamen gracias a su labor en Boardwalk Empire, donde ha llevado a cabo una correcta reconstrucción del vestuario de los turbulentos años veinte en las aún más turbulentas Chicago y Atlantic City. Los acartonados trajes de los mafiosos, el brillo de los vestidos baratos de las starlettes, el lujo gastado de la indumentaria de una alta sociedad corrupta y degradada han sido recreados por John Dunn con un innegable afán de veracidad y una indudable profesionalidad, aunque su trabajo dista mucho de brillar por sí mismo, ensombrecido quizás por las magníficas creaciones de otros diseñadores para películas de similar temática y cronología.

 
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Gabriella Pescucci y Uliva Pizzetti por Los Borgia

La superproducción histórica de la temporada viene vestida por la infalible Gabriella Pescucci, ganadora del Oscar por La edad de la inocencia y autora de trabajos memorables como Charlie y la Fábrica de Chocolate o Ágora. En esta ocasión se enfrenta a un reto de grandes dimensiones: diseñar el guardarropa de la Italia de los Borgia. Tomando fuentes históricas y estilizando convenientemente algunas prendas –principalmente, de un modo significativo, en los personajes masculinos-, Pescucci ha resucitado el rutilante esplendor de una dinastía que ha suscitado innumerables leyendas. No hay que pensar sólo en el armario de Lucrezia –vestir a Lucrezia Borgia es una hazaña comparable a vestir a Cleopatra o a María Antonieta-, sino también en la increíble vestimenta litúrgica, militar o cortesana que luce cada uno de los personajes, en el protagonismo absoluto de los tejidos y en la caracterización de cada personaje. Pescucci lo ha hecho de un modo creativo, fiel a sus fuentes y suficientemente sexy como para ser la más firme candidata a llevarse el premio a casa.

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Michele Clapton y Rachael Webb-Crozier por Juego de Tronos

El reino de fantasía donde se desarrolla Juego de tronos viene marcado por algunas de las convenciones del género en cuanto a indumentaria: reinterpretación libre de estilos históricos –desde el vikingo hasta el gótico, pasando por el árabe, el eslavo o el renacentista- mezclados y transformados para diferenciar etnias, razas y tribus que proceden de universos contrapuestos. En Juego de Tronos, como en un juego de rol, queda muy claro a qué grupo pertenece cada uno, y por eso la labor de vestuario, si bien muy creativa en cuanto al diseño de estilos, se encuentra algo limitada en lo que respecta al carácter psicológico de los trajes. Hecha esta aclaración, podemos añadir que el trabajo de Michele Clapton revela un inmenso esfuerzo de diseño y logística: son muchos personajes, muchos extras y muchas prendas distintas. Y contiene algunos hallazgos brillantes y muy contemporáneos, guiños claros a la cultura adolescente y una notable eficacia. Por todo ello, merece sobradamente esta nominación.

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Lou A. Eyrich y Marisa Aboitiz por Glee

Las mismas razones que apuntábamos el año pasado para defender la candidatura de Lou Eyrich en la categoría de vestuario por su trabajo en Glee podrían servir este año para valorar la segunda temporada de esta serie. Si algo se le puede reprochar, es su escasa evolución respecto a sus planteamientos iniciales. La base fundamental del vestuario de Glee sigue siendo una mezcolanza de modas adolescentes de ayer, de hoy y de siempre, cuyo mayor rasgo de estilo es un carácter algo naïf, con colores planos y algunos toques caricaturescos que encajan bien con los arquetipos representados por los personajes. Pedirle complejidad o sutileza al vestuario de una serie que precisamente encandila por su ingenuidad no tendría ningún sentido. El último capítulo de la segunda temporada de la serie, en la que los personajes viajan a Nueva York, incluye varios homenajes estilísticos a la ciudad más icónica del mundo. Por eso, quizás, los académicos la hayan elegido para competir. Sin duda, una excelente oportunidad para reconocer un trabajo marcadamente generacional y gozosamente pop.

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Janie Bryant y Le Dawson por Mad Men

Aclarémoslo por última vez: Mad Men, por mucho que insistan las revistas de moda y los estilistas, se desarrolla en los años sesenta, no en los cincuenta. Esta realidad queda plenamente patente en su temporada más reciente, en la que los personajes se perfilan y evolucionan su estilo a medida que su forma de vida cambia también. Los Beatniks, la orgía pop de la Factory o la omnipresente influencia de Jackie O han llegado a su debido tiempo a la serie y han contribuido a desengrasar la pulcra uniformidad de los personajes en temporadas anteriores. Janie Bryant se confirma una vez más como una diseñadora de vestuario perspicaz y brillante. Su trabajo en Mad Men es totalmente sobresaliente, y logra la meta de todo buen diseñador de vestuario: construir la narración mediante la indumentaria de los personajes. Más allá de crear un icono fashion, Janie Bryant es responsable del guardarropa más profundo y psicológico que hemos visto en años. Por ello, y por su labor a lo largo de estas temporadas, Bryant merece el premio. Otra cosa es que lo consiga.

Debería ganar: Mad Men
Ganará: Los Borgia