Canción triste de Hill Street perdió en 1985 la posibilidad de conseguir su quinto Emmy consecutivo como mejor serie dramática ante Cagney & Lacey. Casi dos décadas después El ala oeste de la Casa Blanca se quedaba a las puertas del mismo récord al sucumbir ante Los Soprano. ¿Pasará lo mismo este año y Mad Men será derrotada? A pesar de que Homeland ganó el Globo de Oro a primeros de año, parece que sólo hay dos candidatas con la suficiente fuerza para desbancar a los publicistas neoyorquinos: Breaking BadDownton Abbey.

Boardwalk Empire

Boardwalk Empire

La segunda temporada de Boardwalk Empire podría haber potenciado todas las excelencias que nos brindó su sobresaliente debut, pero por desgracia se ha quedado estancada. Visualmente sigue siendo increíble, con una fotografía y diseño de producción fuera de serie, que ya han sido premiados el fin de semana pasado. El problema de la serie viene principalmente por dos defectos imperdonables: uno es la falta de ritmo. De los 60 minutos (excesivos como siempre con la HBO) que dura cada episodio, 55 se pierden en el desarrollo parsimonioso de unas tramas en las que rara vez pasa algo relevante y los últimos 5 minutos nos sorprenden con un fogonazo de violencia que nos despierta del sopor y nos deja con ganas de más. Pero ese “más” nunca llega. Y en segundo lugar, los personajes carecen del suficiente carisma por lo que el espectador desconecta emocionalmente de ellos con facilidad. Poco queda ya del Coppola o el Scorsese que pudimos entrever en el maravilloso piloto del año pasado. Las pugnas por el poder de estos pobres diablos, por mucho que nos las quieran vender como el germen del gangsterismo, están a años luz del magnetismo de los Corleone o de Liotta y De Niro en Uno de los nuestros. Es una pena que ocupe este hueco entre las nominadas por encima de productos superiores como The Good Wife.

Breaking Bad

Breaking Bad

Muchas series son criticadas cuando gastan todas sus armas demasiado pronto. Tras un comienzo deslumbrante se vuelven anodinas o repetitivas y demuestran que el high concept del que partían no daba para más. Por eso es un placer mayúsculo cuando das con una serie que no hace más que ir a mejor. Que partiendo de un concepto de entrada muy potente (a un profesor de química le diagnostican un cáncer terminal y se convierte en fabricante de metanfetamina para dejarle dinero a su familia) cada año nos ha ido sorprendiendo más, incorporando personajes magníficos que dotan de una tremenda dimensionalidad a las andanzas de Walter White, ese hombre mediocre que se termina convirtiendo en un malvado de manual, que va rompiendo barreras paulatinamente hasta despertarse un día como el ser más egomaníaco y peligroso que te puedes encontrar. Todo en Breaking Bad raya en la Matrícula de honor: puesta en escena, interpretaciones, fotografía, montaje… Su escollo, como siempre, es que se trata de un tema muy duro para una Academia algo conservadora. Pero si Los Soprano derrotó a El ala oeste…, ¿por qué no puede la mejor serie del momento vencer a la niña bonita Mad Men?

Downton Abbey

Downton Abbey

Que los americanos reverencian a los británicos en lo audiovisual no es nada nuevo. Lo que no deja de sorprender es que siempre lo hagan con sus títulos de época: Gosford ParkEl discurso del Rey entre otras. A pesar de que los estadounidenses también tuvieron su ración de clasismo y clasicismo (recordemos la maravillosa La edad de la inocencia de Martin Scorsese), suelen dejar que sean los ingleses los reyes del género. Y Julian Fellowes, el creador de Downton Abbey, es un tipo muy listo que ha cogido muchos de los elementos del cine de James Ivory añadiéndoles una buena dosis de culebrón y sustituyendo el distanciamento emocional por una sensibilidad que roza la cursilería en ocasiones. Obviando su, muy inteligente por otra parte, cambio a las categorías mayores de drama, la segunda temporada de la serie fue recibida aquí en España con más tibieza que su debut. Se criticaron bastante sus elipsis temporales, aunque yo personalmente agradecí que los cuatro años que duró la Primera Guerra Mundial fueran resumidos en siete episodios. Pero da igual lo que pensemos en Europa, porque en EE UU lo tienen muy claro y se han arrodillado ante los Crawley. Si la Academia no está preparada para romper récords este domingo, Downton Abbey es la candidata más firme a llevarse el premio mayor.

Juego de tronos

Juego de tronos

Mientras otras series como Boardwalk EmpireDownton Abbey han sufrido un ligero retroceso de calidad en sus segundas temporadas, Juego de tronos ha mantenido un alto nivel en su segundo año. Pero su problema es que se trata de una serie notable que nunca llega a ser sobresaliente. Y eso que va por buen camino, comenzando a diferenciarse de las magníficas novelas en que está basada y empezando a encontrar su propia entidad. A pesar de todo, la acumulación de tramas hace que todavía haya momentos confusos que descolocan al espectador menos informado, e incluso otros que, directamente están mal contados, como el destino de Invernalia en el último episodio de la temporada. Se agradecen, eso sí, los intentos esporádicos de espectacularidad, como en el redondo capítulo “Blackwater”, aunque en ocasiones la serie sigue luciendo algo más pobre de lo que muchos teníamos en la cabeza al leer los libros. Este año carece de la fuerza suficiente para ser favorita y ganar, pero el año próximo, cuando aborden el tercer libro de la saga, “Tormenta de espadas”, quizá consigan ese salto cualitativo y definitivo que todos estamos esperando.

Homeland

Homeland

Aunque hace ya un año que se estrenó, Homeland sorprendió a todos con su mezcla de 24 (no en vano sus creadores Gansa y Gordon vienen de la escuela de este clásico de la FOX) y voyeurismo. Con un reparto excelente, que ya fue premiado el sábado pasado en los Creative Arts Emmy y unos guiones magníficos que van dosificando perfectamente la información a lo largo de sus doce episodios (el giro sentimental que hay hacia la mitad de la temporada es de lo más atrevido e ingenioso del año), y tras ganar el Globo de Oro en enero, parecía que ya teníamos a una más que posible sustituta para Mad Men en los Emmy. Pero quizá el tiempo que ha pasado desde su estreno ha enfriado este sentimiento y ya no se encuentra entre las posibles candidatas a dar la sorpresa, a pesar de lo mucho que le gusta a la Academia galardonar a series nuevas en su primer año. En un par de semanas comenzará su segunda temporada y comprobaremos si ha sabido mantener el nivel. Aún con todo no hay que descartar su victoria, que cosas más raras se han visto en los Emmy.

Mad Men

Mad Men

Durante cinco temporadas Mad Men nos ha ido desmenuzando una época tan interesante como los años 60: una década de cambios tanto en las esferas personales como en las profesionales. Los temas principales de este año han sido la progresiva importancia de la mujer, que comienza a deshacerse de sus ataduras y a tomar las riendas de su futuro (“The other woman”), la contraposición de lo clásico con la psicodelia (“Far away places”), o la dificultad para adaptarse a los cambios culturales, focalizándose en una canción de los Beatles (“Lady Lazarus”). La serie de Matthew Weiner sigue siendo de lo mejor que nos brinda la televisión estadounidense año tras año, pero ¿se merece pasar al Olimpo como la serie más premiada en la categoría mayor, convirtiéndose así en la Frasier de las series dramáticas? Por calidad no hay ninguna duda: la respuesta es un rotundo sí. Pero la justicia que nos inculcan de pequeños nos hace desear que los premios se repartan entre las series que más lo merecen. Y somos muchos los que preferimos que pierda en esta categoría a favor de que gane al menos un (y si son más, mejor) premio en las que hasta ahora se le han resistido: interpretación y dirección.

Ganará: Downton Abbey
Debería ganar: Breaking Bad