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Este año ha sido un gran año para la fotografía en el cine, y prueba de ello fueron los siete nominados en los premios de la ASC, el gremio estadounidense de directores de fotografía. Pero parece que de los grandes trabajos que concurren en esta categoría, hay un claro favorito, que es el de Emmanuel Lubezki para la película de Alfonso Cuarón. Será un justo ganador, aunque también lo sería, quizá más, Roger Deakins, en cuyo caso el Oscar adquiriría la pátina de estar haciendo justicia histórica con un maestro de la fotografía.

Grandmaster

Philippe Le Sourd por The Grandmaster


Nunca sabremos si la nominación de Le Sourd por la fotografía de The Grandmaster se debe a su calidad (la incuestionable belleza de la película lo justifica) o como recompensa a las dificultades y duración del rodaje. Porque si bien su trabajo con Wong Kar Wai consigue dan vivacidad e intensidad a todas las secuencias, sean las de lucha o las más reflexivas, lo cierto es que el la larga duración del rodaje y el empeño del director en rodar bajo condiciones meteorológicas extremas puso a todo el equipo técnico a prueba. Los tres años de producción le obligaron a llevar un diario con la posición de las cámaras y las luces y los colores que conseguía, para cada día de rodaje con el objetivo de mantener la coherencia visual de la película, ya que una misma escena se podía rodar en dos momentos distintos con meses de distancia entre uno y otro. Además, Kar Wai fue escribiendo el guión a medida que avanzaba el rodaje, que adquiría un grado de incertidumbre nada usual, y sometía al equipo a condiciones meteorológicas extremas (las lluvias y nieves que se ven en la película son reales; llegaron a rodar a 30 grados bajo cero). Todas estas dificultades son perceptibles en la escena de la pelea que se desarrolla en la estación de tren, con momentos a cámara lenta y acelerada, bajo una nevada intensa, con una coreografía elaborada y un total de dos meses de rodaje. Toda una hazaña y un lujo que pocos directores se pueden permitir.

GRAVITY

Emmanuel Lubezki por Gravity

Con toda probabilidad, la sexta nominación del mexicano Lubezki en la categoría (lo ha estado previamente por La princesita, Sleepy Hollow, El nuevo mundo, Hijos de los hombres y El árbol de la vida) va a ser la que acabe con la estatuilla en sus manos, no sólo por la ristra de premios previos antes de la noche del 2 de marzo (entre ellos, el BAFTA y el de la Asociación de Directores de Fotografía), sino porque su colaboración con Cuarón (la cuarta en conjunto) ha revolucionado y sorprendido tanto a expertos como a aficionados desde su estreno. Y es que Gravity lleva la técnica de la fotografía cinematográfica a cotas poco usuales, que se pueden resumir en la secuencia de apertura de la película, un plano de doce minutos (que según Lubezki, Cuarón quería prolongar) que empiezan con la reparación de un satelite espacial y terminan con Sandra Bullock precipitándose en el espacio: se rodó en un cubo de 2,75 m de lado rodeado de leds en el que estaba suspendida la actriz y se terminó en postproducción colocando ese plano en el escenario digital del espacio. Lubezki y Cuarón lograron así, y durante toda la película, que resultase la experiencia más inmersiva para el espectador en el espacio, de una manera muy natural, sobre todo tratándose de una cinta de ciencia-ficción en la que los efectos visuales son fundamentales.

LlewynDavis

Bruno Delbonnel por A propósito de Llewyn Davis

Se podría decir que las películas en las que ha trabajado Delbonnel tienen un ambiente propio que es casi un estado de ánimo, desde las nominadas al Oscar (Amèlie, Largo domingo de noviazgo, Harry Potter y el misterio del príncipe o esta de los Coen), hasta otras como Across the Universe (un verdadero espectáculo visual) o Sombras tenebrosas. Dice Delbonnel que le gusta trabajar con directores con un lenguaje propio que le permitan investigar y hacer sugerencias en cuanto a la textura final que debe tener cada película, y en este caso le quiso dar ese aspecto invernal y melancólico, inspirado por la carátula del disco The Freewheelin’ de Bob Dylan (en la que se basó también el cartel de la película). Para lograrlo trabajó sobre todo en la paleta de colores y la densidad de la fotografía, con Llewyn Davis como foco principal y todo lo demás en sombra, pero una sombra con gran cantidad de detalle, intentando contar la historia a través de la luz, alejándose así de las películas de época llenas de tópicos sobre el ambiente de los años 60. Y aunque la película de los Coen no sea la mejor de su carrera, la labor de Delbonnel detrás de ella es la que perdura más tiempo en la memoria.

Nebraska

Phedon Papamichael por Nebraska


La tercera colaboración de Papamichael (cuyo padre trabajó como director artístico y diseñador de producción para Faces y Una mujer bajo la influencia de John Cassavetes) con Alexander Payne empezó con un viaje en coche con el director por el paisaje en el que se iba a ambientar la película, para que experimentase esas llanuras abiertas y la sensación de soledad. En ese viaje Papamichael se dio cuenta del aislamiento tanto social como interior de los personales, algo que ambos quisieron mantener en la película, junto a esa poesía y esa tristeza generales. Gracias al blanco y negro y a esa sencillez del paisaje, sin alteraciones visuales que sirvan de distracción, es mucho más fácil concentrarse en los detalles de los personajes, subrayando con la fotografía el tema del aislamiento, sobre todo en el caso del padre interpretado por Bruce Dern. Visualmente, la película recuerda al cine japonés en blanco y negro de los años 60, con esa sensación de autenticidad que se debe en gran medida a la poca preparación previa de los planos (trabajan sin storyboard y Payne insiste en no modificar los escenarios naturales) y al hecho de que el pueblo en el que se rodó Nebraska colaborase intensamente en el rodaje en todos los aspectos, con muchos de los habitantes trabajando exactamente en los mismos puestos de trabajo que en la vida real. Vale que lo tiene complicado, pero la película más bella de la temporada debería recibir algún premio y este sería muy justo.

Prisoners

Roger Deakins por Prisioneros

Parece increíble que Deakins, tras once nominaciones y una carrera espectacular como director de fotografía, y ya sólo por ello debería llevarse la estatuilla a casa. Ya debía haberlo hecho por la fotografía de Skyfall, el mejor y más innovador de los nominados en la pasada edición de los Oscar, pero es que además, su trabajo detrás de Prisioneros, una de las mejores películas del año pasado y la que sin duda peor suerte ha tenido, es el que hace que la película trascienda visualmente, el que hace darse cuenta de la profundidad del guión de Guzikowski y la contundencia del mensaje de Villeneuve, el que te indica que no hay que quedarse en la superficie de thriller bien rodado pero rutinario. Prisioneros no tiene nada de rutinario. Había una voluntad explícita por parte del director de que las cosas no quedaran claras ni en el terrerno literal ni en el metafórico, por ello la gran cantidad de planos con cristal interpuesto, a los que a menudo se suman la lluvia o la nieve; y también el tratamiento de los árboles, con ese aspecto amenazador, buscados especificamente para lograr ese efecto. Todo ello contribuye a que la película dé esa sensación de humedad, de calar hasta los huesos, de ensuciar de barro, de pringarte hasta bien dentro; y también esa sensación de tristeza y de claustrofobia constante. Además el hecho de utilizar una escala pequeña mantiene todo el rato la idea de que estamos viendo a seres humanos que se enfrentan a dramas, no a melodramas grandilocuentes y enfáticos. Estoy segura de que con el tiempo Prisioneros ocupará el lugar que merece, y también espero que Deakins consiga algún Oscar antes de que le den un honorífico.

Ganará: Emmanuel Lubezki por Gravity
Debería ganar: Roger Deakins por Prisioneros