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Las crisis de identidad y la soledad en el mundo actual son los temas que tienen en común Ana de día, Memorias de un hombre en pijama y La reina del miedo.

La segunda película de la sección oficial a concurso, Ana de día, es una curiosa cinta cuyo valor principal y mayor interés reside en haber sido levantada con menos de 20.000 euros conseguidos a través de una plataforma de crowdfunding. Con Ingrid García-Jonsson como protagonista absoluta, su directora Andrea Jaurrieta cuenta la historia de Ana, una joven abogada a punto de conseguir su primer trabajo y también a punto de casarse que al llegar a casa descubre la existencia de su doble. Es su vía de escape perfecta para escapar de una vida programada y explorar el anonimato y sus propios límites bajo otra identidad en otra ciudad. Esta exploración le lleva a contactar con los bajos fondos cuando entra a trabajar de bailarina en un cabaret de mala muerte.

Las caras de la gran María José Alfonso como dueña del cabaret, de Fernando Albizu como maestro de ceremonias y de Francisco Vidal como uno de los clientes de la pensión son las únicas reconocibles entre los actores que encarnan a los personajes marginales que pueblan la ópera prima de la navarra Jaurrieta, unos personajes que carecen de la suficiente profundidad como para generar interés en el espectador, con lo que quedan como un catálogo de tipos raros.

Nunca sabremos qué habría hecho la directora de este guión con más dinero. Nos tememos que es lo que hay porque no da mucho de sí: la historia de Ana resulta manida y un poco carca, si la única transgresión es explorar sus límites a través del sexo, algo que no se entiende hoy día ni siquiera en un contexto de excesivo rigor católico o ideologías más conservadoras (y total, tampoco se explica si es este el caso a no ser que nos ciñamos al tópico). Tampoco se entiende, porque creo que a la directora y guionista no le interesa explicar, la excusa del doble, salvo que si hay alguien que hace su papel no corre ningún riesgo en esta escapada. Su vida está a salvo.
Ojalá su proyección en este Festival sirva para que pueda demostrar su valía con proyectos futuros y que, con más medios, pueda demostrar si tiene voz propia, si tiene algo que aportar en el cine en español de la actualidad.

Memorias de un hombre en pijama es la única película de animación de la sección oficial de esta edición. No es la primera película basada en una novela gráfica de Paco Roca, pero, a diferencia de Arrugas, el producto original es una obra más personal, ya que es una especie de autobiografía de los primeros años del autor de tiras cómicas en un periódico. Y aunque Roca se implicó en la primera fase de escritura de guión, Carlos Fernández de Vigo, creador de videojuegos, tuvo que tomar las riendas del proyecto poniéndose en la piel del afamado historietista. La película pretende ser un repaso a los estereotipos en la sociedad actual, la amistad y las relaciones de pareja, pero el resultado es francamente mejorable, quizá demasiado apegado al cómic original. La animación no es fluida y carece de gracia y expresividad y las situaciones que se plantean resultan atropelladas y repetitivas, con lo que los chistes quedan totalmente desdibujados por lo rutinario del arte y del guión. Por suerte es corta.

Hemos concluido la jornada con la argentina La reina del miedo, primera película como directora y guionista de la actriz Valeria Bertuccelli. Ella misma encarna a Robertina, una famosa actriz a punto de estrenar su primer monólogo, pero cuando llega el momento de los ensayos ella se pierde en un mundo de miedos e inseguridades que hacen que pierda su estabilidad matrimonial, laboral y emocional. Incluso ésta última se ve al borde del precipicio al recibir la noticia de que la enfermedad de su amigo del alma Lisandro se ha agravado.

La cinta es una exposición abierta de los miedos y de la soledad y de cómo se alimentan los dos factores entre sí, cómo los miedos paralizan o llevan a tomar decisiones erráticas. Por mucho que Tina exprese su deseo de tomar las riendas de su vida, todas las circunstancias que la rodean la atenazan hasta llevarla al borde de la destrucción, y sólo una huida momentánea le hace enfrentarse a un problema de verdad, a tomar decisiones y aceptar decisiones ajenas y a expresar sus deseos con claridad. La película es sobria y apoya todo su peso en la omnipresente Bertuccelli, pero se hace cansina y a ratos desesperante. Solo la presencia de grandes actores (Gabriel Goity, Diego Velázquez y Dario Grandinetti) hacen muy disfrutables las escenas con la actriz argentina.