Los Goya 2015 han acabado como todo el mundo esperaba: con una amplia victoria de La isla mínima, que ha logrado diez galardones incluyendo mejor película, director (Alberto Rodríguez), actor protagonista (Javier Gutiérrez), actriz revelación (Nerea Barros, una de las sorpresas de la noche) y guión.

Muy por detrás, El niño se ha tenido que conformar con cuatro Goyas, todos técnicos: dirección de producción, sonido, efectos especiales y canción. Mucho más lucidos son los tres galardones de Ocho apellidos vascos: mejor actor y actriz de reparto (Karra Elejalde y Carmen Machi) y actor revelación (Dani Rovira, presentador de la gala).

Uno de los grandes títulos del año, Magical Girl, gran ganadora del Festival de San Sebastián, sólo ha conseguido una estatuilla: mejor actriz para Bárbara Lennie. Y también un galardón para la triunfadora del Festival de Málaga, 10.000 km: mejor dirección novel para Carlos Marqués-Marcet.

Relatos slavajes, que partía como una de las grandes nominadas de la noche, se ha alzado el Goya a la mejor película iberoamericana, mientras que el premio a la mejor cinta europea ha sido para Ida. Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo ha sido destacada como mejor cinta de animación, y también ha conseguido el galardón al mejor guión adaptado.

Antonio Banderas ha protagonizado el que se sabía de antemano que sería uno de los momentos más emotivos de la gala: su Goya de Honor, que ha recogido de manos de su gran descubridor, Pedro Almodóvar. El realizador ya marcó el tono reivindicativo de su antigua estrella masculina cuando saludó “a todos los amigos del cine español” y añadió: “Es no le incluye a usted, señor Wert”.

Banderas dio un largo discurso en el que se reivindicó con entusiasmo “con la figura de Francisco de Goya en las manos” la herencia de la cultura española. “Nuestros artistas son la mejor manera de conocer lo que somos”, ha afirmado, para más tarde asegurar que ahora comprende que se dedica al cine porque “el arte es la mejor manera de entender el mundo”. Al final de su largo discurso, muy emocionado, ha querido dedicar el premio a su hija, Estela del Carmen, por sus “muchas ausencias”.

Dani Rovira, además de ganar del Goya al mejor actor revelación, ha sido un gran maestro de ceremonias. Aunque el principio de su intervención causó sorpresa por un tono extrañamente reivindicativo que finalmente quedó en un extraño punto entre la parodia y lo literal. A partir de ahí, el cómico tomó las riendas y encontró enseguida su sitio. Pero su estupenda labor se ha visto lastrada por un ritmo cansino y reiterativo, en el que los discursos han sido casi todos demasiado largos y los descansos en forma de números musicales y otros sketches cómicos sólo han servido para alargar la gala casi una hora más de lo previsto.

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