George Clooney y Vera Farmiga en 'Up in the Air'

Un hombre profundamente solo, desarraigado, autoengañado y cuyo trabajo consiste en despedir a gente que no conoce. Bastarían estas pinceladas para convertir a Up in the Air en la película del año. De nuestros años. El retrato de una sociedad consumista, acomodada, solitaria -a su pesar-, hipócrita, vacía y lastrada por la crisis económica. Pero además cuenta con tres actores soberbios, un guión extraordinario, un pulso perfecto.

Up in the Air arranca con uno de los mejores ejercicios de schadenfreude que se han visto en el cine: Reitman logra hacer comedia retratando el terrible trabajo de un exterminador, un hombre que recorre Estados Unidos para despedir a los trabajadores que ya no hacen falta, lo mismo que si fueran fotocopiadoras gastadas. Y no es que su horrible cometido no le afecte, es que ha desarrollado un grueso escudo de doble capa para protegerse de ello.

La primera es, digamos, material: la acumulación de millas de vuelo, que le dan acceso a toda suerte de comodidades y que pronto le convertirán en uno de los pasajeros con más horas a bordo de un avión. La segunda capa es, en cambio, filosófica. Este villano a su pesar ha desarrollado toda una teoría sobre lo conveniente que es vivir con tu mochila vacía, sin cargas. Sin armario, sin casa, sin coche, sin familia, sin recuerdos. Tan depurado tiene su pensamiento que le llaman para que lo exponga en concurridas conferencias.

El segundo acto es desconcertante. La película vira hacia una comedia romántica más o menos al uso, boda con floripondios incluida. Pero Up in the Air, como la vida que retrata, no es lo que parece. Llega así la tercera parte de la que no diré nada excepto que resulta demoledora.

Para construir esta película, Reitman ha acudido a los clásicos. Nada desmerece si pensamos en los grandes nombres del cine de los años treinta y cuarenta porque sigue a pies juntillas sus enseñanzas: un guión sólido y bellamente escrito, unos actores que parecen haber nacido para esos papeles, una fotografía cuidada pero que evita sublimar nada de lo que pasa, un montaje sobrio y clarificador. No es fácil rodar con estos parámetros hoy en día, cuando parece que para destacar hay que recurrir a la filigrana. Reitman apuesta radicalmente por la sobriedad.

Durante todo su metraje Up in the Air transmite la sensación de estar en pleno vuelo, con esa percepción de estar flotando, suspendidos, algo amodorrados, algo hipnotizados que se tiene en un avión. ¿Acaso no es eso lo que le ocurre a nuestra sociedad hoy día? ¿Es que no necesitamos unas cuantas decenas de miles de muertos en un terremoto para despertar de nuestro ensimismamiento? ¿O un portazo en las narices? ¿O el abrupto final de una ilusión que pensamos que ya nunca nacería?

Up in the Air es, en efecto, un trozo de nosotros mismos.

Up in the Air se estrena en los cines este viernes