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El director mexicano Alfonso Cuarón firma un vertiginoso largometraje espacial que corta la respiración durante sus 90 minutos de metraje y que nace con intención de hito, dispuesto a marcar un antes y un después en la historia del cine.

Escrita por el propio Cuarón en colaboración con su hijo, Jonás, el guión de Gravity es más conceptual que argumental, tratándose de una sucesión de ideas e imágenes y de cómo desplazarse de unas a otras. El punto de partida es un paseo espacial rutinario, durante el cual la doctora Ryan Stone, una brillante ingeniera en su primer paseo espacial, y el experimentado astronauta Matt Kowalsky sufren un aparatoso accidente y son lanzados al vacío, a la gran nada que supone enfrentar a hombre al infinito del espacio. Pocos directores han sabido firmar lo paradójicamente claustrofóbica que resulta la inmensidad del espacio como lo hace Cuarón durante las secuencias en las que Sandra Bullock y George Clooney se quedan solos en las estrellas.

Tras una primera secuencia, en tiempo real y prácticamente sin cortes, que viaja de la majestuosidad de un paseo espacial a la desesperación de un abandono en las estrellas, Gravity se dobla sobre sí misma y se convierte en puro cine de aventuras, impidiendo que el espectador tome aire con libertad hasta que la película funde a negro.

GravityEl visionado de Gravity va más allá de una proyección y se convierte en toda una experiencia, provocando que el espectador tenga la sensación de haber estado lo más cerca de las estrellas que podrá llegar a estar jamás. Esta inmersión en el contexto de la película -tan importante para los Cuarón como sus personajes- se sujeta en la utilización de un 3D para la consecución de una ficción que, a posteriori, parece carecer de sentido sin esta tecnología tan comúnmente utilizada como un artificio más.

Además del apellido Cuarón, Gravity resuena con otro nombre propio: Sandra Bullock. La actriz norteamericana, que para muchos podrá parecer una frívola elección comercial para una película de estas caracterísicas, tumba todas las barreras que se ponen a su paso y convierte a Miss Agente Especial en la teniente Ripley. Bullock viaja de la fragilidad de una ingeniera inexperta en el espacio a la bravura de una fiera herida con una sola intención: regresar a la tierra, y lo hace demostrando un portento físico y emocional al alcance de muy pocos.

Cargada de tensión y emoción durante todo su metraje, Gravity se cierra convirtiéndose en un triunfo para el cine, en un paso adelante en las posibilidades del celuloide gracias a la obra de un director que no se ha planteado límite alguno a la hora de dejar volar su imaginario y firmar una de las mejores aventuras espaciales a las que jamás hayamos asistido.

 

Esta crítica es una versión de la crónica del Festival de San Sebastián ‘Gravity’, el hito espacial de Alfonso Cuarón.