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En su segundo largometraje, Jorge Torregrossa convierte un hermoso guión de Elvira Lindo en una reflexión sobre la vida posible frente a la vida deseada. Y pese a que su fondo es amargo, La vida inesperada discurre con el punto justo de dulzura y sensibilidad. Narra la historia de un actor que se fue a Nueva York a perseguir sus sueños y sólo alcanzó un teatro de segunda y a una amiga de la que no se supo enamorar. Pero no hay chasco: sólo autoengaño. Y ese castillo de naipes se tambalea cuando su primo de Alicante aparece para pasar unos días.

Ha querido la casualidad que justo después de ganar el Goya por Vivir es fácil con los ojos cerrados, Javier Cámara estrene esta cinta, componiendo una especie de díptico involuntario sobre la búsqueda de la felicidad. Si en la cinta de David Trueba su personaje se lanzaba en tromba a por sus sueños, aquí mira a su alrededor y se da cuenta de que, pese a su arrojo, los sueños no se han cumplido. Y aún así, con toda su fragilidad y sus miedos, se sabe capaz de ser feliz.

Resuena fuerte La vida inesperada en estos tiempos de ilusiones rotas y planes truncados, de esperanzas aletargadas. Y ahí, al fondo, Nueva York. Ese lugar donde el cine nos hizo creer que todo es posible. Esa ciudad que te acoge y te zarandea, te alegra y te entristece.

Y, sí, hay mucho Broadway sin necesidad de mencionarlo. Llega de la forma más sorprendente: con una zarzuela de Sorozábal. También escuchamos a Gershwin literalmente –They’re writing songs of love, but not for me… y, sobre todo, a través de la extraordinaria partitura de Federico Jusid y Lucio Godoy. Y reconocemos a Neil Simon en la pareja protagonista y en el tono de la narración.

Porque seguramente ahí está la clave de La vida inesperada, una película en el margen preciso donde empieza la fábula sin que por ello deje nunca de resultar real. Es la obra de un realizador que ha aprendido con el cine clásico, que sabe aguantar un diálogo desbordantemente romántico sin pestañear, subrayarlo con la entrada de la orquesta y que, lejos de resultar pretencioso o ridículo, resulte mágico. Una película que emociona sinceramente y por el mismo precio te da una pequeña lección.

[Nota: Este texto es una versión revisada de la crónica publicada en losExtras.es con motivo de su paso por el Festival de Málaga]