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Ya han pasado siete años desde que se estrenó Entre copas, esa película “pequeña” que se coló sigilosamente en los Oscar de 2004 en cuatro categorías y se llevó el de mejor guión adaptado. Del nuevo trabajo se ha vuelto a decir que es una película pequeña, pero ahí está, fuerte en la carrera y escalando posiciones. No es una superproducción, está claro. Pero tiene una grandeza de la que carece la gran mayoría de películas que llegan a las carteleras: está llena de vida. De vida en su estado puro, de las cosas que realmente importan, de momentos en los que la tragedia se tiñe de humor, de revelaciones que llegan y se imponen y no dejan más opción que hacerlas caso. Una vida que Payne retrata a través de las emociones y los sentimientos, contradictorios en muchas ocasiones, de su personaje-tipo favorito: el hombre maduro que se encuentra de repente embarrancado en una situación y sus esfuerzos para salir de ella.

Esta vez, el héroe tiene el atractivo físico de George Clooney y todo su aplomo, y la playa en la que está envarado pertenece al edénico paisaje de Hawai. Matt King, un abogado de las islas, está preparando la venta de unas tierras que él y su extensa caterva de primos han heredado de sus tatarabuelos. Su mujer sufre un accidente naútico y queda en coma, por lo que él tiene que asumir el control de una vida familiar que hasta ese momento le era bastante ajena. Su encarnación del hombre de vida acomodada, que hasta ese momento no ha sufrido más que lo justo (o menos) y que tampoco ha tenido que luchar demasiado por lo que tiene, se refleja en sus andares, en su forma de correr, en su mirada perpleja ante la realidad que de repente se le impone, en su manifiesta inutilidad e incapacidad para tratar a sus hijas, una en plena adolescencia y la otra a punto de entrar en ella. El Matt King del principio de Los descendientes no es el mismo Matt King del final, y eso queda claro gracias a un Clooney que sabe desconectar el Modo Galán cuando es necesario y que, como digno heredero del trono de Cary Grant, deja claro que el galán resulta mucho más atractivo cuando le trasciende el ser humano que vive en su interior.

No quiero entrar demasiado en el argumento porque quizá sea lo menos importante de todo. Lo más importante para mí es el viaje emocional capitaneado por George Clooney que Payne nos obliga a emprender, un viaje que nos descubre o nos ayuda a reconocer lo más importante de la vida, cuáles son esos detalles, pequeños o grandes, que nos distinguen, nos hacen fuertes, buenos, valientes, generosos, respetuosos y, en fin, valiosos.