Con tres años de fulgurante carrera desde su salida de la edición británica de X Factor, era casi de lógica aplastante que entre números uno, giras mundiales y millones de discos vendidos, la película de una de las boyband mas exitosas de los últimos años no tardara en llegar. Y ya está aquí. One Direction: This is us pretende seguir la misma estructura que los productos similares que derivaron de la carrera de Justin Bieber y Katy Perry, pero añadiéndole una pequeña nota de autoría poniendo al reconocido documentalista Morgan Spurlock tras las cámaras. El resultado llega hoy a las pantallas y, aunque se intenta, no consigue calar lo suficiente.

This is us bebe descaradamente del éxito de Never say never y Part of me, pero no logra desplegar totalmente las alas por una sencilla razón: el trasfondo de la historia no tiene más valor humano que cualquier otra historia común, One Direction son un grupo de cinco adolescentes con suerte que se han puesto en manos de una gigantesca herramienta de marketing que les ha aupado a la fama. Punto. No les ha descubierto nadie en Youtube ni tienen una familia cuyas creencias choquen con la forma de vivir de una estrella del pop para poder utilizarlo como recurso dramático… y ellos mismos son conscientes y no dejan de repetirlo: “somos chicos normales de veinte años, lo que no es normal es nuestro trabajo”. Pese a eso y gracias a esa ‘normalidad’ a la que apelan, This is us se arma como un mero entretenimiento promocional para fans que supone poca novedad frente a toda la información que ya existe y que parece rechazar la parte más desconocida (y por ello más interesante) de la maquinaria One Direction, aunque ello implique colocar delante de la pantalla a alguien que no sea ninguno de los cinco chicos protagonistas.

Esta ausencia de protagonismo para los ajenos a la formación del grupo hace muy improbable que se pueda conformar un entramado dramático interesante y conseguir que alguien se identifique con lo que el documental revela de sus protagonistas. Toda la información de cierto peso que vemos en pantalla es contenido redundante para el fan que se sienta en una sala de cine (y que está perfectamente dispuesto a que la historia se la cuenten una y mil veces, todo hay que decirlo), pero para no inciados en el fenómeno es información insuficiente, faltan datos, y desconcierta comprobar, por ejemplo, las consecuencias del éxito para con su familia de sólo uno de los componentes, mientras no se comenta absolutamente nada del resto. A todo esto hay que añadir que el esfuerzo por obviar sus relaciones personales (de las que no se nombra absolutamente nada en todo el metraje), llega a retratarles como unos anodinos adolescentes adictos (por voluntad propia o por designación empresarial, nunca llegan a descubrirlo) al trabajo, que pasan el día en la carretera, dan conciertos mutitudinarios y utilizan las madrugadas para grabar sus nuevos singles improvisando estudios insonorizados con colchones de hotel.

Pero si bien se echa de menos arrojar luz sobre según qué aspectos, también hay que reconocerle a Spurlock haber sabido conformar algunos segmentos bastante acertados y concisos, como la presentación previa del grupo en un breve espacio de tiempo llegando a explicitar conceptos en pantalla tan insólitos e inexplicables como el hecho de que recién terminado X Factor (de donde salieron los chicos quedando en tercera posición en su año) y hasta varios meses después, One Direction era una de las boybands más exitosas del Reino Unido… sin haber editado ni un solo disco. ¿Por qué? Eso mismo llega a preguntarse Simon Cowell, el megalómano padre de la criatura, mirando directamente a cámara. La propia película hace una explicación ‘científica’ con mucha socarronería que bordea límites confusos de lo políticamente correcto. En cualquier caso, sea por lo que fuere que su música gusta a la chavalería, la propia película apunta (y se aleja sin reparar en ello, como otras muchas cosas) muy acertadamente en un aspecto muy importante del éxito de One Direction: las redes sociales.

OneDirection2

Poco se vislumbra en el documental del uso que realmente hacen de las redes sociales, pero es desde luego uno de los puntos fuertes de su carrera, como lo fue para Justin Bieber (y si que pudimos ver en todo su esplendor en Never say never) y como lo ha sido y será para muchos otros artistas. En su lugar, la cinta prefiere ser un eterno canto de agradecimiento a unas fans que les han elevado a donde ahora mismo están, cosa nada desdeñable y de la que podrían aprender muchos otros, pero nadie necesita 90 minutos de agradecimiento explícito si tiene una forma mucho más sincera de expresarlo: abrirse a sus fans, y contar ese algo más que todos los que no han perdido la cabeza por estos chicos pero se acercan la película a encontrar algo, van buscando y tristemente no encuentran. Podría decirse que This is us acaricia la idea de ser un buen documental, pero nunca llega a abordarla.

Por si fuera poco, existen otras voces dentro de la película por parte de periodistas o especialistas en música británica que dan una justificación más interesante del fenómeno, abordando temas de estilo de música o actitudes profesionales, pero que extrañamente no mantienen en pantalla mucho tiempo. Igual pasa con todo el equipo acólito a los chavales: sus guardias de seguridad, sus músicos, incluso su familia: en momentos puntuales de la cinta tienen su minuto de gloria, pero se echa de menos que más allá de centrarse en el éxito y el fenómeno fan, efímero, circunstancial, y mil y una veces reflejado en medios, no se empeñen en dar a conocer al artista a través del mundo que le rodea, que además, con estas breves apariciones en pantalla, dejan entrever que tienen algo más que enseñar.

En la cinta, se alternan, como en otros trabajos del estilo, segmentos de su vida personal durante la última gira y en backstages combinados con canciones del concierto que celebraron en Abril en el O2 Arena de Londres. Si bien durante el evento hay poco a remarcar, por lo que se opta por posproducir efectos en 3D en muchas de las actuaciones para mantener el interés, si que la historia personal de los chicos deja un puñado de anécdotas divertidas, ya bien entre ellos o con sus invitados, como el momento en que Martin Scorsese les hace una visita en el camerino del Madison Square Garden o las visitas promocionales en japón, así como los momentos previos a saltar al escenario. Segmentos concretos que tienen cierto interés y que dan un respiro al escéptico ajeno al fenómeno y que equilibran la balanza de la cinta, pero que es insuficiente.

Las voces que anunciaban que la autoría de Morgan Spurlock era nula en este caso, principalmente al no ser él el protagonista de lo filmado, tienen hechos a los que agarrarse, pero decir que la mala leche que caracteriza a los trabajos de Spurlock es inexistente sería estar faltando a la verdad. Spurlock probablemente tuviera las manos mucho más atadas de lo que nos hubiera gustado, pero sin duda hay algunos golpes de efecto, sketches y punch lines heredados de sus trabajos previos que, aunque breves y escasos, se agradecen y arrancan alguna sonrisa.

En definitiva, This is us es exactamente lo que prometía ser: una herramienta más de promoción de una de las boybands más exitosas de todos los tiempos que está rompiendo moldes, divertida, entretenida, correcta y funcional, pero que desaprovecha (a pesar de pasar por ello y contar con el material) la oportunidad de funcionar como una forma más personal de conectar con sus fans y otra vía por la que recabar seguidores que no necesariamente se identifiquen con la música, pero que encuentren interesante ese ‘algo más’ que nunca llega. Correcta, pero insuficiente.