Hacer un documental de un mito que acaba de fallecer es un asunto delicado. El discurso puede basarse en una retahíla de imágenes sensibleras y vídeos de archivo que aporten poco más que la definición de genio para el homenajeado. Qué aburrido. Pero en el caso de Paco de Lucía: La búsqueda el realizador es el hijo y el documental  comenzó a realizarse cuatro años antes de la muerte del guitarrista. “Yo lo que quería era mostrar claves sobre el personaje que nadie más conociese, quería que el espectador alucinase pero irremediablemente poco a poco nos metimos en un terreno más emocional y más íntimo”, cuenta Curro Sánchez, el hijo del genio.

Esa relación de parentesco levanta las sospechas sobre la posible intención de lucro, porque en la película no sólo se cuenta la vida y la obra del hombre que impulsó el nuevo flamenco también trasciende una compleja relación paterno filial que empujó todas esas anécdotas que Paco sólo hubiera contado a unos pocos, entre ellos, a su hijo Curro.

El cajón peruano y su no relación con Camarón. Dos de los momentos más importantes del documental hubieran sido enterrados por cualquier otro ajeno a la intimidad de Paco. Ese sencillo instrumento que el músico trajo de Perú fue utilizado posteriormente por todos los flamencos. Uno de tantos regalos que Paco de Lucía hizo a la música que más amaba gracias a su obsesión por crecer y mejorar como artista. “Valoraba mucho la inteligencia natural y los autodidactas. El admiraba a la gente que no venía de escuela, le daba  valor a otro tipo de inteligencia, la callejera”,  la de Camarón, por ejemplo.

“Fue como si bajara el mesías”, cuenta Paco sobre el día que oyó cantar a Camarón. Su relación artística traspasó fronteras musicales, cosas que nosotros nunca llegaremos a entender, sin embargo nunca se llegaron a conocer del todo el uno al otro porque ambos eran terriblemente tímidos.

Paco de Lucía modernizó el flamenco, lo estudió, lo perfeccionó y lo tocó como nadie en la historia. De sus veloces dedos nació la primera canción improvisada, Entre dos aguas. Incluyó nuevos ritmos como el jazz, el pop o la bossa nova y colaboró con músicos como Carlos Santana, John McLaughlin y Chick Corea, todos ellos aparecen en el documental hablando del maestro, claro, ¿quién se puede negar a regalar alabanzas al maestro? Paco de Lucía hizo más grandes  a todos los que colaboraron con él.

“Paco era consciente de lo que había conseguido, era un hombre muy inteligente. Sin embargo siempre pensó que en ese reconocimiento había una especie de excedente. Que le tratasen como una divinidad el abrumaba, para él eso no tenía ningún valor”, cuenta Curro Sánchez. Aún que durante toda su vida buscó la aprobación de tres personas: su padre, Sabicas y Camarón. Ninguno declaró la admiración que realmente sentían por él. Fueron otros como Keith Richards los que dijeron cosas como: “Decís que soy una leyenda de la guitarra. No tenéis ni idea. Sólo hay dos o tres guitarristas que se puedan considerar leyenda. Y por encima de todos ellos está Paco de Lucía.”

Cuando a Paco de Lucía le llegó un disco de los Stones junto a una petición para que colaborase con ellos dijo: “Esto es una chufla, a mí esto no me gusta, dan muchos gritos”. Y ahí se fue la única oportunidad de escuchar la guitarra de Paco de Lucía junto a la de Keith Richards.

El compositor de Zyryab hacía lo que le daba la gana. Desde que los genios del jazz le descubrieron los secretos de la improvisación no paró de practicarla. Ni con su música ni con su vida. Murió el 25 de febrero de 2014 a los 66 años. Antes de tiempo. Dejó solos de guitarra inmortales y un documental inacabado, este que sin quererlo ha acabado por convertirse en el mejor obituario posible.