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Nueva sección en la que intentaré explicar los motivos de amor generalizado hacia ciertos personajes imprescindibles en el mundo cinematográfico pese a su infravaloración o a su endiosamiento (ambos casos son perfectamente comprensibles si se estudian bien en un mundo tan volatil como el del cine). Mi primera sección la dedico a una directora polémica, acusada de nepotismo debido a la posición de su padre y sumamente creativa y original: Sofía Coppola.
-Porque reinventa el concepto de juventud:

Las protagonistas de las películas (tres por el momento) de Coppola suelen ser adolescentes en busca de su lugar en el mundo. Aunque respondan a ciertos estereotipos de ansias de libertad, ganas de pasarlo bien y jugueteos con el sexo opuesto (sobre todo a través de la actriz Kirsten Dunst en Las vírgenes suicidas” y “Maria Antonieta”) también muestran un lado amargo, triste y melancólico en sus facetas vitales. Además, la Coppola hace de la juventud un paraiso perdido y soñado a través de poéticas composiciones y encuadres, fotografía gélida y bellísima y miradas a través de cristales de todas sus actrices. Una marca de fábrica que hace ansiar la eterna juventud incluso al maduro más convencido.

-Porque sabe contar cosas con una imagen:

Pocos, muy pocos directores en el cine actual saben zafarse del guión para contarnos cosas con un simple plano o movimiento de cámara. No sabemos si por influencia paterna, pero el caso es que nuestra directora sabe contar cosas con encuadres fríos y geométricos cuando se trata de ridiculizar y entristecer la figura de alguien (un Bill Murray sentado en la cama de forma frontal en “Lost in Translation” o el rígido protocolo versallesco en los ordenadísimos y ridiculizantes encuadres de “Maria Antonieta”) o de mostrar el caos vital a través de un calculado aire descuidado con camaras al hombro y montajes asincrónicos (la Scarlett Johansson en el metro de “Lost in Translation” o la “Maria Antonieta” festiva y liberada de obligaciones palaciegas al ritmo de música neopunk)

-Porque utiliza la música de forma magistral:

Las bandas sonoras de sus películas son un deleite para los descubridores de música moderna y neorromántica de los 80, y para aquellos que quieren “revivir” sus películas. La Coppola sabe cómo tocar el corazón de sus espectadores e imbuirlos de la emoción que a ella le de la gana, y pocas veces imagen y sonido forman notas discordantes. La María Antonieta enamorada en un carruaje al ritmo del “Fools Rush in”, la Scarlett Johansson investigando los misterios ancestrales de Japón con el místico “Alone in Kyoto” del grupo Air de fondo o las soleadas y monótonas edificaciones de un suburbio americano en “Las vírgenes suicidas” con el “Playground Love” sonando a toda pastilla son buen ejemplo de ello.

-Porque hace oidos sordos a los que la acusan de “hija de papá”:

Cierto es que ser hija del director de “El Padrino” da una cultura y un nombre al que no todos los directores jóvenes pueden aspirar. Pero Sofía ha sabido desembarazarse de aquellos que la acusan de pija niña de papá mostrando un talento visual y un estilo que es diametralmente opuesto al clacisismo moderno de su padre (y mucho más femenino, ya que estamos). Muchos la acusan de ser demasiado minimalista y no contar nada en sus películas; afrenta normal para un público acostumbrado a valorar únicamente el guión de una película y poco dado a ver más allá de las imágenes que hablan por sí solas. Sofía Coppola se mueve continuamente entre un estilo que podría caer en la autocomplacencia del anuncio de compresas televisivo o la cursilería ramplona y sin embargo logra imágenes que trascienden lo que se cuenta para ser pequeños destellos de existencialismo cinematográfico, de poesía contamplativa e hiperbólica.