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Les 7 jours du TalionOlvidémonos de la (por otra parte muy notable) Secuestrados. La película más dura del festival se proyectó en la sección Panorama y se trata de la canadiense Les 7 jours du Talion, sequísima historia de venganza que deja muy mal cuerpo al espectador.  Basada en una novela de Patrick Senecal, narra la orquestada venganza que un padre de familia ejecuta durante una semana contra el violador y asesino de su hija de 8 años.

La cinta no hace ni una sóla concesión al espectador, no le ahorra ningún detalle retorcido, ni le alivia con fueras de campo. La violencia es explícita y muy física. El director Daniel Grou no necesita de elementos como una banda sonora para subrayar sus imágenes. Éstas se bastan por sí solas, reavivando así el clásico debate de la justificación del ojo por ojo, llevado aquí hasta sus máximas consecuencias. Mención aparte merece la excelente actuación del protagonista Claude Legault. Un título no apto para todos los gustos, pero realmente imprescindible.

A concurso pudimos ver la desconcertante My joy, de Ucrania. La cinta sigue a un camionero en su ruta que se cruza con una serie de personajes representantes de los estratos más bajos de una sociedad en declive: prostitutas, ladrones, ex-militares. Digna más bien de un festival más sesudo, no entendemos qué hace en Sitges cuando la relación con el fantástico o el terror brilla por su ausencia.

Otro habitual del certamen es Takeshi Kitano, que presenta este año en Panorama su última locura de yakuzas: Outrage. Con un guión que se sujeta con pinzas, en el fondo un batiburrillo de personajes que se mueven en una trama de guerra entre familias, Kitano firma otra gamberrada de las suyas con tres o cuatro secuencias sanguinolentas y disfrutables, pero el resto es mediocre y no compensa el visionado completo de la película. Cuánto se echan de menos los momentos líricos de Hana-Bi

Y por último pudimos asistir a una sesión doble de madrugada realmente antológica, un auténtico festín de cine malo, del que de vez en cuando apetece darse un homenaje, sobre todo en un ambiente y con un público como el de Sitges. Primero pudimos ver Sharktopus, tv movie de Roger Corman para la cadena de televisión estadounidense SyFy, en la que un híbrido de pulpo y tiburón asola las costas de Mexico (simple y llanamente porque es más barato rodar allí). Cuenta en el reparto con un graciosísimo Eric Roberts que presta su cara de plástico a una sucesión de fallos de raccord, diálogos sonrojantes y efectos especiales de baratillo. Una auténtica delicia si se sabe lo que se va a ver.

Y cuando creíamos que no se podía caer más bajo, el director del festival, Angel Sala, nos presentó la sesión sorpresa de esta edición: Birdemic, cinta del 2008 que se está convirtiendo en película de culto en EE UU… de lo mala que es. Dirigida por un tal James Nguyen, es un remake de Los pájaros, de Hitchcock, con un exageradamente obvio mensaje ecologista, que hace que las películas de Ed Wood parezcan de John Ford. Todo es más que malo en Birdemic: fotografía, dirección, interpretación, montaje, sonido, efectos visuales… son inferiores a la mayoría de proyectos amateur. Por supuesto, desde ya es un clásico instantáneo que todos deberían ver… para partirse de risa como hizo el público que la pudo disfrutar en Sitges.