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Hay una clasificación habitual para las películas: las que se hacen con presupuesto y las que se hacen sin él. Paul Haggis dispone del que quiera y para hablar de Irak en {ln:In the Valley of Elah} se las ha arreglado sin salir...

Hay una clasificación habitual para las películas: las que se hacen con presupuesto y las que se hacen sin él. Paul Haggis dispone del que quiera y para hablar de Irak en {ln:In the Valley of Elah} se las ha arreglado sin salir de EE UU. En cambio, la iraní Hana Makhmalbaf no ha tenido un duro para Buda explotó de vergüenza y la ha rodado en Afganistán en el mismísmo valle donde los grandes budas quedaron reducidos a escombros. Y sin embargo ambos retratos de la guerra resultan deslumbrantes.

La película de Paul Haggis, de la que ya se ha escrito mucho cuando se pasó en Venecia, es un relato ácido y sin tapujos del despropósito en Irak y de los efectos en los soldados, que regresan de allí totalmente trastocados. Tommy Lee Jones borda uno de los mejores personajes de su carrera; Susan Sarandon tiene sólo tres secuencias en las que compone una madre rota por las guerras inventadas por los de arriba; y Charlize Theron está inmensa como una policía de provincias que intuye que su trabajo puede significar algo.

La cinta de Hana Makhmalbaf sigue la vida de una niña durante un día. Es todo lo que necesita para explicar qué está pasando en Afganistán y, por extensión, otros países del mundo como el suyo propio, Irán. Por un lado, la película muestra cómo la experiencia de la violencia se transmite allí de generación en generación, cómo los niños entiende que humillar a una mujer o castigarla a la lapidación puede ser una temática para sus juegos. Por otro lado, ese mundo infantil actúa de espejo con aumento de la realidad de los adultos. La tercera pata del largometraje es la niña protagonista, un fenómeno de la naturaleza. Y, dándole forma a todo, la terrible conclusión: sólo la muerte les hace libres.