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Comienza la primera jornada a competición de la sección oficial con uno de los platos fuertes de la programación. Ya conocemos la afición de los programadores de trufar los fines de semana con los títulos más potentes de la selección, y en esta ocasión han comenzado con la divertidísima La noche que mi madre mató a mi padre, el nuevo trabajo de Inés París como directora tras nueve años de parón, un homenaje a la comedia clásica de situación con toques de slapstick trufado de humor negro.

Una actriz en horas bajas se encuentra, de repente, siendo anfitriona de una cena en la que su marido, guionista, y la ex mujer de éste, directora de cine, deben convencer a una estrella del cine argentino para que protagonice su película. Un acertado ejercicio de metalenguaje, con un reparto en estado de gracia y un tempo bastante acertado para la broma física y de guión, hacen de esta película sin mayor pretensión que la de entretener y divertir, sea un plato perfecto de presentación de la sección oficial. Sin destacar demasiado en ninguno de sus aspectos, si que tiene perfil claro de Premio del Público, pero es muy aventurado comenzar a dar premios en la primera jornada de Festival. Esperemos algo más.

El segundo plato del día llega de la factoría de Gerardo Herrero: La punta del iceberg es una película dirigida por David Cánovas que cuenta con Maribel Verdú a la cabeza, y con un nutrido reparto de caras conocidas que dan forma a una historia de intrigas profesionales en el seno de una empresa tecnológica en la que tres de sus trabajadores han cometido suicidio en un corto período de tiempo. El personaje de Maribel Verdú es el delegado a la oficina de los hechos para averiguar qué está ocurriendo entre la plantilla.

Sin mucha pretensión narrativa ni formal, la cinta se desarrolla de forma más que correcta armando los personajes y los conflictos de forma sencilla y coherente hasta culminar un relato de intrigas laborales más que sólido. Ningún riesgo en la forma ni en el fondo aseguran una cinta correcta. Solo correcta, pero que ya hemos visto, y que en los tiempos que corren, se echa de menos salir de la zona de confort. En cualquier caso, y aunque previsiblemente menor que otras propuestas por venir (aunque siempre concedamos el beneficio de la duda), La punta del iceberg es una película correcta, que ya es mucho más de lo que hemos podido decir de algunas cintas a concurso en otras ediciones de este festival.