Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha entregado esta mañana el Premio Nacional de Cinematografía a Álex de la Iglesia. Al término del acto, en un encuentro informal con la prensa, el realizador y presidente de la Academia de Cine, ha confesado que como Balada triste de trompeta no ha logrado la designación para los Oscar este año, le gustaría intentarlo de nuevo en 2011, como ha ocurrido en esta ocasión con Celda 211.

Aunque la película se estrenará en diciembre y la fecha de estreno límite para obtener la designación es el 30 de septiembre, el productor de Balada triste de trompeta, Gerardo Herrero, impulsó su candidatura realizando varios pases para académicos y previendo un estreno técnico (en una sola sala durante un única semana antes del fin del plazo). Sin embargo, la estrategia –que ha resultado buena para También la lluvia, de Icíar Bollain- no funcionó y la cinta sólo ha logrado entrar en la terna de finalistas para competir en los Ariel mexicanos. Esa misma circunstancia se produjo el año pasado con Celda 211 que ha vuelto a competir por la designación este año logrando, esta vez sí, figurar entre las tres finalistas. De la Iglesia, que además de realizador es presidente de la Academia, quiere hacer suya esa estrategia.

Momentos antes, al recoger el Premio Nacional, el director ha realizado una breve reflexión sobre el proceso artístico. “Quiero introducir el concepto de la relación entre creación y sufrimiento. No hay manera de disfrutar si no se sufre”. En efecto, Balada triste de Trompeta ha tenido una génesis complicada y, sobre todo, apresurada, con unos plazos muy ajustados para llegar a tiempo a la Mostra de Venecia. “Quizá sea una conexión católica por haber estudiado en los jesuitas”, ha bromeado, “pero por el sufrimiento se llega al placer. Igual la calve está en acostumbrarse”, ha dicho. “Las condiciones que tenemos para hacer cine o literatura, para gobernar, para convivir, nunca van a ser buenas”, lamenta. “He conseguido acostumbrarme al dolor”.

La ministra Sinde ha pronunciado un emotivo discurso que ha empezado por desvelar uno de los grandes secretos de seducción del realizador: acariciar el lóbulo de la oreja de su interlocutor. “Es voraz, obsesivo, discutidor. Cree que es más real Tintín que su portera. Y por eso hace cine sobre su portera, que es lo que le da miedo”, ha dicho. “Álex ha resuelto la tensión entre arte e industria estudiando Filosofía pura; ha dado con la fórmula: hacer cine de autor para el gran público”, asegura. “En los Goya dijiste que no somos importantes. Creo que te equivocaste: creo que tú sí que lo eres”.