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En los noventa fue Tom Hanks, pero ahora podemos hablar de un nuevo rey de Hollywood. Ese no es otro que George Clooney que, tras colgar la bata de médico de Urgencias, ha visto como con sus propios ojos como todo lo que toca lo convierte en...

En los noventa fue Tom Hanks, pero ahora podemos hablar de un nuevo rey de Hollywood. Ese no es otro que George Clooney que, tras colgar la bata de médico de Urgencias, ha visto como con sus propios ojos como todo lo que toca lo convierte en oro. Tras ganar el hace dos años como mejor actor de reparto por Syriana, su esteno más reciente, Michael Clayton, aspira a siete nominaciones, entre ellas mejor película, mejor director y una para el propio Clooney como protagonista.

George ClooneyClooney, a pesar de seguir siendo uno de los hombres más atractivos según las listas especializadas, es consciente de que la belleza es efímera y por eso estos últimos años ha pretendido revelarse como un buen actor y como un director solvente. Los Oscar ya lo ven así y después de darle un cuestionado premio al mejor actor de reparto por Syriana y nominarle como mejor director y como mejor guionista por Buenas noches y buena suerte, este año le han vuelto a relanzar con una nominación al Oscar como mejor actor por Michael Clayton. En las últimas semanas era candidato seguro, pero hace sólo tres meses parecía con muy pocas opciones de salir finalmente nominado.

George Clooney tiene un poder en la industria que empieza a ser muy importante. Sea por su carácter, por su encanto personal o por el éxito de sus películas, es para pensar que Clooney ha tenido mucho que ver con las sorprendentes siete nominaciones cosechadas por Michael Clayton. Para algunos simplemente una buena película, de las que se han visto cientos como ella a lo largo de los años.

Michael Clayton tiene muy difícil ganar el Oscar (gusta pero no apasiona a los académicos como otras candidatas), es más, podría irse de vacío si no gana la estatuilla al mejor guión original (candidatura en la que tiene más posibilidades), pero es reseñable el hecho de que la ópera prima de Tony Gilroy ha sufrido el efecto Clooney, un fenómeno que convierte a las películas en oro.