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La Junta Directiva de la Academia de Cine, en su sesión de esta mañana, ha acordado reconocer a Marisa Paredes con el Goya de Honor 2018, galardón que recibirá por “una prolífica y prolongada carrera, trayectoria que mantiene con absoluto vigor, apostando en numerosos trabajos por proyectos cinematográficos nacionales e internacionales definidos por el riesgo y el prestigio”.

En declaraciones a la Academia de Cine tras conocer la noticia desde Lyon, donde acude estos días al Festival Lumière, ha afirmado sentirse “conmovida. La Academia es importantisíma para el cine español y una se siente muy querida con este honor”. La actriz ha sentido primeramente “sorpresa, pero ha venido seguida de una gran emoción. Siento que es como un sueño, es algo que no se espera y cuando llegue a Madrid me preguntaré si realmente es cierto, porque esto es algo que se escapa a la propia realidad”. Aunque lleva casi seis décadas desempeñando este oficio, Paredes no le da importancia al hecho de tener una carrera tan dilatada –”Hay mucha gente que ha hecho lo mismo que yo y ha tenido menos suerte”–.

Nacida en Madrid, Paredes inició sus estudios en el Conservatorio y en la Escuela de Arte Dramático de esta ciudad. Su vocación temprana la haría debutar en el cine con tan solo 14 años de la mano de José Osuna en Esta noche tampoco y José María Forqué en 091 Policía al habla. Le seguiría una intensa actividad dramática, tanto en la escena como en la televisión, donde representó personajes ideados por Ibsen, Shakespeare, Chejov o Neville en los reconocidos Estudio 1.

Sus primeros papeles en cine fueron en roles secundarios y principalmente en comedias. Carola de día, Carola de noche, de Jaime de Armiñán; La revoltosa, de Juan de Orduña; y El perro, de Antonio Isasi-Isasmendi, fueron algunos de los títulos en los que participó en la década de los sesenta y setenta.

Comienza la década de los ochenta participando en Ópera prima, de Fernando Trueba, y Sus años dorados, de Emillio Martínez Lázaro; a las que seguiría su primer trabajo con Pedro Almodóvar, Entre tinieblas. Ya en los noventa pasó a ser actriz fetiche del realizador manchego, con el que volvió a trabajar en Tacones lejanos, La flor de mi secreto, Todo sobre mi madre y La piel que habito.

Tras participar en el primer largometraje de Fernando Trueba, también lo haría en las primeras obras de otros destacados nombres del cine español, como Agustí Villaronga (Tras el cristal) y Felipe Vega (Mientras haya luz). Al mismo tiempo continúa trabajando en los escenarios, con grandes de la escena como Lluís Pasqual.

Habitual del cine europeo, ha trabajado con realizadores como Amos Gitai (Golem, l’esprit de l’ exil), Daniel Schmid (Hors saison), Philipe Lioret (En tránsito), Raoul Ruiz (Tres vidas y una sola muerte, donde comparte plantel con Marcello Mastroianni), Roberto Benigni (La vida es bella), Alain Tanner (Jonás y Lila), Maria Sole Tognazzi (L’uomo che ama), Cristina Comencini (Mi familia italiana), Manoel de Oliveira (Espelho mágico)…

Su amplia filmografía, de más de 75 películas, se completa con largometrajes como Profundo carmesí y El coronel no tiene quien le escriba, de Arturo Ripstein; El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro; Frío sol de invierno, de Pablo Malo; y El dios de madera, de Vicente Molina Foix, entre otros. Actualmente tiene pendiente de estreno Petra, de Jaime Rosales, filme que tiene previsto su estreno en 2018.

Presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España entre 2000 y 2003, ha recibido numerosos galardones, como el Premio Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o la Gran Medalla Vermeil de la Villa de París, así como premios cinematográficos en certámenes internacionales como el de Karlovy Vary, Taormina, Gijón o Málaga. En los próximos días recibirá la Espiga de Honor de la Seminci en su 62 edición.