GOYATLÓN 2010: Película europea

Si en estos Premios Goya, como siempre contestados y polémicos, hay una categoría intachable es la de mejor película europea. Las cuatro cintas candidatas son, a buen seguro, muestra del mejor cine hecho en el viejo continente. Dos grandes maestros -Roman Polanski y Michael Haneke- y dos realizadores de cierta trayectoria que han creado su primera gran obra -Tom Hooper y Jacques Audiard-. Gane quien gane, será un acierto.

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El escritor, de Roman Polanski

Fernando de Luis-Orueta
El regreso de Roman Polanski al género policiaco fue una de la primera buena noticia del año. En El escritor el director da muestras de su extraordinario dominio no sólo del tempo, sino de la creación de atmósferas. El ambiente en el que transcurre buena parte de la película, tan extraño, frío y metálico es una traslación perfecta de los personajes que la pueblan. La apasionante historia del negro (en sentido literario) de un político que se ve envuelto en una trama de espionaje internacional que le viene grande contó con el favor del público y de la crítica y en los pasados Premios del Cine Europeo arrasó con seis estatuillas. El único motivo para que no ganase también en los Goya es el extraordinario nivel de sus competidoras.

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El discurso del Rey, de Tom Hooper

María Pérez
La gran sorpresa del año, la película británica El discurso del rey, está acaparando nominaciones y premios, y muy merecidamente. A pesar de no ser una película perfecta, sí que consigue hacer algo muy difícil: tirando de un hilo argumental basado en un hecho anecdótico conduce al espectador hasta la culminación, que es ni más ni menos que uno de los discursos más importantes de la historia del siglo XX. Y ese hecho anecdótico es el que confiere al momento histórico que relata toda la emoción de la que carecen los documentales y los libros de historia. Una emoción que se debe a un delicado guión, a una dirección sobria y respetuosa que rebosa cariño por los personajes, a un estudio minucioso de los escenarios y el vestuario de la época y, sobre todo, a unos actores que dan lo mejor de sí mismos, lo cual es mucho decir en intérpretes de la talla de Colin Firth (en la plenitud de una  carrera coherente llena de buenas interpretaciones, algunas memorables), Geoffrey Rush y Helena Bonham-Carter, en un registro contenido y delicado lleno de ironía.

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La cinta Blanca, de Michael Haneke

María Pérez
La perturbadora historia sucedida en los años previos a la Primera Guerra Mundial en un pueblo alemán en el que se producen una serie de accidentes en apariencia relacionados con los niños de la localidad es, hasta la fecha, la obra de Haneke con más repercusión y más éxito internacional. Su brillante y refinada factura, su impresionante fotografía en blanco y negro, gélida como el alba en el ártico, son el escaparate de un relato abierto de difícil interpretación, como en el resto de películas del director. Intuimos que Haneke nos está hablando de un nazismo germinal, arraigado profundamente en una sociedad rural enferma y cerrada que se rige por estrictos códigos tradicionales de conducta, pero lo que objetivamente contemplamos es una historia de fantasmas sin fantasmas, un misterio sin solución que durante dos horas y media mantiene a los espectadores suspendidos en la ansiedad y la incertidumbre.

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Un profeta, de Jacques Audiard

Samuel Pérez
Desde su estreno en Cannes en mayo del 2009, Un profeta, la película del director francés Jacques Audiard, se ha medido con La cinta blanca de Haneke en prácticamente todas las carreras de premios. La película alemana ganó en Cannes y los Globos de oro, pero la francesa se llevó el premio de la NBR y el BAFTA. Ambas perdieron el Oscar frente a El secreto de sus ojos y ahora les toca medirse ante los Goya. Desde que su primera obra, Mira a los hombres caer, ganó el César a la mejor ópera prima en 1995, la carrera de Audiard ha sido de lo más variada, brindándonos obras tan estimables como Un héroe muy discretoDe latir mi corazón se ha parado. El cine de Audiard es en ocasiones denso, de una belleza turbadora conjugada con pespuntes de violencia, pero con una base que no riñe con lo comercial. Definitivamente, es uno de los autores galos más a tener en cuenta. Un prophète no iba a ser menos. La historia de Malik, el joven árabe que tiene que buscarse la vida entre (y fuera de) las paredes de una sucia prisión, es un seco pero apasionante viaje por los instintos de supervivencia y culpa del ser humano, sin juicios ni valores morales. Sin duda, uno de los títulos europeos imprescindibles que se estrenaron en España durante el año pasado y que, a todas luces, merecería ganar, aunque su crudeza y la lejanía de su estreno, hace ya un año, puede jugar en su contra frente a títulos más recientes como El discurso del rey.
Ganará: La cinta blanca

Deberían ganar: Las cuatro ex-aequo

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