Las cuatro películas que compiten en la categoría de mejor guión original muestran planteamientos muy distintos en cuanto a estructura, verosimilitud y estilo. Ninguna de las candidatas supone un ejercicio impecable de escritura impecable, pero todas cuentan con elementos interesantes. Eva, un ejemplo de sencillez; Midnight in Paris recupera la imaginación; Blackthorn y  su peculiar asimilación del género; y la complejidad pirotécnica de No habrá paz para los malvados.

Miguel Barros por 'Blackthorn, sin destino'

Miguel Barros
por Blackthorn,
sin destino

Blackthorn es, sin duda, una de las propuestas más arriesgadas que concurren a los Goya este año. Pocos se atreven a escribir westerns en España, y, como tal, Miguel Barros se ha enfrentado a una tarea verdaderamente compleja. Sin embargo, por desgracia, el riesgo no siempre desemboca en buenos resultados. A fuerza de querer homenajear a la retórica del western clásico, el guión de Blackthorn se queda precisamente en eso: una sucesión de frases hechas, conflictos manidos y situaciones vistas una y mil veces que, aunque deberían funcionar en la teoría, quedan minadas por una estructura lenta y que sólo en el último tramo adquiere un cierto ritmo. Barros ha elegido ordenar la historia a partir de dos hilos narrativos (el presente y el pasado de Butch Cassidy) descompensados y trenzados de manera desigual. Posiblemente ése sea su mayor fallo: esta dualidad innecesaria impide al espectador identificarse con los personajes desdibujados, que hablan poco y, paradójicamente, hablan más de lo necesario. Sus diálogos, en lugar de definirlos, contribuyen a convertirlos en estereotipos vacíos que tal vez tengan cierto encanto para nostálgicos del género, pero poco más.
Martí Roca, Sergi Belbel, Cristina Clemente y Aintza Serra  por 'Eva'

Martí Roca, Sergi Belbel, Cristina Clemente y Aintza Serra por Eva

Que la unión hace la fuerza es una lección que tienen bien aprendida los cineastas surgidos al amparo de la ESCAC barcelonesa. Muestra de ello es el guión de Eva, el ambicioso debut en el largometraje de Kike Maíllo, firmado por cuatro autores al frente de los cuales se encuentra Sergi Belbel, respetadísimo escritor catalán a quien debemos, entre otros, los textos de algunas de las mejores películas de Ventura Pons. El resultado es un tan singular como acertado: una historia de ciencia ficción de calado emocional que sorprende por lo cotidiano y cercano de sus diálogos y por la naturalidad con la que la historia discurre hasta la conclusión. Estructurado de manera lineal, el guión de Eva alcanza sus mejores momentos en los diálogos donde interviene la niña protagonista, y en el planteamiento tangencial de algunas cuestiones relativas al complejo equilibrio entre tecnología, naturaleza y moral. No hay grandes alardes técnicos ni grandes hallazgos dramáticos, pero tampoco fallos notorios al margen de una cierta previsibilidad en algunos pasajes.
Woody Allen por 'Midnight in Paris'

Woody Allen por Midnight in Paris

El principal valor del guión de Midnight in Paris es una absoluta libertad creativa estructural y dramática. Es cierto que tiene fallos, pero también lo es que Woody Allen es un maestro en el arte de hacer de su capa un sayo. De este modo, convierte el Deus Ex Machina en la fuerza motriz de un trabajo donde encontramos muchos de sus rasgos más característicos. En una película concebida como fantasía estética y ensoñación culturalista, la verosimilitud se revela como la menos necesaria de las virtudes. Posiblemente el mayor acierto de este guión sean algunos diálogos que caracterizan a los personajes con una sola frase. Así sucede con las disparatadas recreaciones de los escritores y artistas del París de los años veinte, concebidas como agudas caricaturas que, en algunos casos, son enormemente acertadas. Su otro gran triunfo es permitir que la fantasía y lo extraordinario impregnen toda la historia. Se agradece que, por una vez, un guionista trate de recuperar la capacidad de fascinación que el cine puede producir mediante la escenificación de lo imposible. No es real, pero sería tan hermoso que lo fuera…
Enrique Urbizu y Michel Gaztambide por 'No habrá paz para los malvados'

Enrique Urbizu y Michel Gaztambide por No habrá paz para los malvados

El guión de No habrá paz para los malvados es, sin duda, el trabajo más elaborado de los que compiten este año. El tándem Urbizu-Gaztambide ha afilado sus plumas para escribir un texto repleto de diálogos brillantes y precisos, y de personajes bien definidos. También han labrado una estructura polifónica y enrevesada que desemboca en un muy efectivo giro final. A fuerza de querer plantear una estructura enmarañada, la narración se pierde bajo una abrumadora montaña de datos, tramas, intersecciones, pasos en falso, ramificaciones y trampantojos. El efecto global es una cierta oscuridad que posiblemente sea deliberada. El tema de la película, más allá del poliédrico personaje protagonista, es la avasalladora complejidad de la sociedad española contemporánea, donde las mafias, el narcotráfico, la corrupción y el fanatismo crean un tejido impenetrable para el ciudadano. El hilo argumental refleja esa misma confusión, pero en el plano cinematográfico tal vez resulte algo opaco. No obstante, al César lo que es del César: No habrá paz para los malvados cuenta con algunos de los mejores diálogos que hemos escuchado en el cine español reciente, y como tal es muy probable que se lleve la estatuilla en esta categoría.
Ganará: No habrá paz para los malvados

Debería ganar: No habrá paz para los malvados