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Las cinco producciones que este año compiten en la categoría de Dirección Artística en serie de una sola cámara presentan perfiles muy diferentes y horizontes estéticos muy marcados. De seguir la tendencia del año pasado -el premio fue para Los Tudor-, este año los responsables de Los Borgia se llevarían el Emmy a casa. Sin embargo, Boardwalk Empire tiene muchas papeletas para convertirse en el trabajo más valorado.

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Bob Shaw, Douglas Huszti y Debra Schutt por Boardwalk Empire

Bob Shaw cuenta con una amplia trayectoria en el medio televisivo, y recibe con ésta su quinta nominación, después de sus trabajos en Los Soprano y Mad Men; fue precisamente esta última serie la que le valió el premio en 2008. Ahora concurre a los premios con una de las producciones más ambiciosas de la temporada, Boardwalk Empire, para la que ha llevado a cabo una evocadora y precisa reconstrucción de una Atlantic City sometida a la ley de la selva durante los años veinte. Violentas tabernas, despachos siniestros y estancias aparentemente lujosas bajo las que fluye la corrupción son los espacios principales de una serie que recupera la parte más interesante del ambiente portuario de aquellos años. Sin duda, se trata del trabajo de mayor envergadura de los que compiten este año, y la más firme candidata al premio.

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Francois Seguin, Jonathan McKinstry y Judit Varga por Los Borgia

Las superproducciones históricas siempre tienen muchas papeletas de acaparar premios en las categorías técnicas y creativas de los Emmy; si el año pasado Los Tudor se llevaba el gato al agua en la categoría de dirección artística, su sustituta este año –por perfil y por ambición- vendría a ser Los Borgia. François Seguin, el responsable del diseño de producción, cuenta con experiencia como asistente en largometrajes como Alejandro Magno o Love Actually. Para Los Borgia, ha diseñado una serie de espacios marcadamente teatrales que hacen referencia a ese mundo de lujo, poder, violencia y seducción que recrea la serie. Los decorados, construidos en Hungría, presentan desafíos tan estimulantes como recrear la plaza renacentista de San Pedro, o introducir elementos decorativos –por ejemplo, tapices- mediante técnicas digitales. El resultado final resulta impresionante, pero también algo inconexo, aportando a la serie un aspecto en cierto modo artificial, operístico, que resta realismo pero intensifica los conflictos de los personajes.

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Dan Bishop, Christopher L. Brown y Claudette Didul por Mad Men

En Mad Men, el tiempo pasa, y en esta temporada los protagonistas se han visto sumergidos en los turbulentos años sesenta, en los que el orden y la pulcritud anterior parecen haber sido sustituidos por un nuevo estilo. Por ello, hay un mayor desorden en los decorados y una mayor relajación en muchos de los ambientes, reflejando el cambio generacional y las nuevas actitudes que conviven en Sterling Cooper. Nuevos conflictos requieren nuevos decorados, y Mad Men siempre se ha distinguido por una extraordinaria simbiosis entre los aspectos artísticos y los narrativos. Dan Bishop, que ganó el Emmy en 2003 por su trabajo en Carnivale, alcanza con ésta su quinta nominación –las tres últimas por Mad Men-. A su trabajo no le falta solvencia, estilo ni funcionalidad, como ya demostró en la exquisita labor que llevó a cabo en Un hombre soltero. Sin embargo, todo apunta a que este año tampoco se llevará el premio.

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Richard Berg y Amber Haley por Modern Family

El año pasado ya mencionamos la calidad del trabajo de Richard Berg para Modern Family, una serie que cuestiona los tópicos espaciales de las sitcoms y la telerrealidad y cuyo mayor mérito, en el ámbito plástico, es reinventar la función de espacios cotidianos que han de ser inmediatamente reconocibles. No estamos ante una serie para la contemplación, sino para el disfrute de los personajes y sus tramas personales, por lo que la función principal de la dirección artística ha de ser facilitar el seguimiento de la trama y no distraer con innecesarios ejercicios de estilo. Berg lo hace, una vez más, a la perfección, subrayando los elementos característicos que hacen que el espectador identifique cada familia, cada casa, cada habitación. Vista la envergadura de sus competidoras, resulta harto improbable que Modern Family se lleve el premio en esta categoría, aunque supone un indudable ejercicio de eficacia y pertinencia.

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Suzuki Ingerslev, Cat Smith y Laura Richarz por True Blood

Por novena vez Suzuki Ingerslev acude a los Emmy. Hasta ahora, el premio se le ha resistido, aunque sus méritos son más que suficientes, tanto por sus trabajos anteriores (véase A dos metros bajo tierra) como por True Blood, con la que ya compitió el año pasado. Nos hallamos ante una labor de dirección artística a la que se le pueden poner muy pocos reparos: es enormemente creativa, fusiona sabiamente elementos procedentes de universos muy dispares, y sabe dosificar de manera precisa la imaginación inherente a una producción de este tipo. Uno de sus mayores logros es crear espacios totalmente realistas en los que, de repente, irrumpe lo sobrenatural. Además, tiene un aspecto totalmente contemporáneo, presenta una cierta transgresión y es, sin duda, el menos académico de los trabajos a concurso. Sin embargo, es muy posible que tampoco este año se lleve el premio a casa.

Ganará: Boardwalk Empire o Los Borgia
Debería ganar: Boardwalk Empire