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Ya sólo faltan dos días para cerrar este capítulo de la historia de los Oscar. Lo peor es la convicción generalizada de que no hay resquicio para el suspense final. Un episodio con desenlace anunciado. ¿Hay algo más pobre cinematográficamente hablando? Confiemos pues en que los profesionales de Hollywood se marquen un último quiebro y la ceremonia de este domingo no sea un paseo militar para Slumdog Millionaire. Pero, ¿hay alguna candidata capaz de evitarlo?

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El curioso caso de Benjamin Button.
Kathleen Kennedy, Frank Marshall y Ceán Chaffin, productores
Ser la película que acumula el mayor número de candidaturas no garantiza nada. El curioso caso de Benjamin Button puede terminar por hacer honor a su nombre y figurar tanto en la lista de las cintas con más candidaturas de la historia, pero también en la relación de las más derrotadas. Recordemos que Paso decisivo (1977) y El color púrpura (1985) encabezan ese ranking con 11 nominaciones y ningún premio. La película de David Fincher tiene 13. Un número que no tiene muy buena prensa. Desde su estreno comercial el calificativo que más se escucha a la salida de la proyección es “aburrida”, lo cual no parece el mejor pasaporte hacia la victoria. Eso sí, la factura es impecable, tiene un regusto a cine clásico de lo más agradable, la respaldan dos grandes estudios (Warner y Paramount) y dos inmensos productores (Kathleen Kennedy, Frank Marshall). Y ni por esas: pese a todo, Benjamin Button tiene muy pocos visos de ser la triunfadora.

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El desafío (Frost contra Nixon). Brian Grazer, Ron Howard y Eric Fellner, productores
Cuando se supo que Ron Howard llevaría al cine la brillante obra de teatro de Peter Morgan Frost/Nixon muchos se llevaron las manos a la cabeza. Pocos nombres parecían tan inadecuados para hacer cine político de envergadura como Ron Howard. Sin embargo, no sabemos si por casualidad o por madurez, El desafío (Frost contra Nixon) ha resultado ser una de las películas más sólidas de este año, una cinta robusta, sin duda la mejor aproximación a la figura de Richard Nixon hasta la fecha (y eso que van unas cuantas), que no palidece cuando se vienen a la memoria otros grandes títulos de este género como El político o Tempestad sobre Washington. Sin embargo, cosas de la competición, del juego, es probable que se vaya de vacío. No sólo que no vaya a ganar el gran premio, sino que ni Frank Langella, ni Howard, ni Morgan, ni el brillante montaje de Hill y Hanley sean recompensados. ¡Ay!

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Mi nombre es Harvey Milk. Dan Jinks y Bruce Cohen, productores
Gus Van Sant es un realizador totalmente comprometido con el movimiento gay en Estados Unidos. Desde esta España donde –manifestaciones del clero a un lado- los homosexuales tienen reconocidos sus derechos, al menos sobre el papel, Mi nombre es Harvey Milk es una película extemporánea. Pero en un país donde al tiempo en que se elegía al primer presidente negro, se aprobaba la prohibición del matrimonio entre parejas del mismo sexo en uno de sus Estados más progresistas, esta película es un alegato necesario. Conscientemente, no hay nada en ella que pueda incomodar a la mayoría heterosexual de espectadores, pero en cambio concentra toda la fuerza moral de una pretensión justa. El problema es que para hacerlo, Van Sant ha tenido que dejar a un lado su ideario cinematográfico más íntimo para acomodarse en una narración profundamente convencional y varias concesiones a la galería. En los tiempos que corren, no es la mejor receta para ganar el Oscar.

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The Reader (El lector). Anthony Minghella, Sydney Pollack, Donna Gigliotti y Redmond Morris, productores
En esta página web siempre hemos creído mucho en el potencial de esta película en los Oscar. El tiempo ha terminado por darnos la razón. Con sus cinco inesperadas nominaciones ha terminado por convertirse en la gran esperanza para la sorpresa. Es lógico: The Reader (El lector) aporta un nuevo enfoque sobre un tema tan manido y, sin embargo, querido como el Holocausto. Ni la novela de Bernhard Schlink, ni el guión de  David Hare, ni el planteamiento de Stephen Daldry lo ponen fácil, sino que enfrentan al espectador ante un inmenso dilema. Le presentan ante una mujer enigmática y sensual; le involucran en un primer (¿único?) amor; le conmueven con una inexplicable marcha; y, finalmente, le incomodan en lo más profundo con el descubrimiento de otra cara del mismo cubo. Podían haberlo planteado con un piloto que se deshacía de los enemigos de Pinochet volando sobre el océano o con un soldado estadounidense que rociaba de napalm las aldeas vietnamitas. Pero no, han optado por la representación del mal absoluto: una carcelera de Auschwitz. Y allá se las arregle el espectador con su problema moral. Si los votantes no se dejan cegar por los fuegos de artificio, una película de esta calibre debería ser la indiscutible ganadora.

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Slumdog Millionaire. Christian Colson, productor
No nos gusta. Nuestros lectores lo saben y, algunos, nos lo reprochan. Pero haríamos mal en no decirlo aquí, en la categoría reina, en la que contiene a todas. Creemos que Slumdog Millionaire es una película facilona y tramposa, que partiendo de una hermosa idea de base, el desarrollo argumental es de una pobreza alarmante. Como espectadores no nos creemos los giros de su trama, nos choca la falta de imaginación que adolecen las preguntas del concurso que sirven de llave para recorrer la vida de este infeliz, nos cuesta aceptar a una pareja de enamorados tan improbable, nos molesta la constante necesidad de Danny Boyle de que notemos que él está  detrás de la cámara buscando un plano inesperado, nos escama su retrato efectista y superficial de la miseria en la India, nos parece que la definición de “porno-pobreza para occidentales” le va como anillo al dedo. Pero el fenómeno pop que se ha creado a su alrededor parece imparable. Lo ha ganado casi todo y ahora el mayor temor es que haga pleno en los Oscar. Sus principales rivales son dos: el cansancio –puede que haya votantes hartos de verla hasta en la sopa- y la confianza –puede que den por descontada su victoria y haya una fuga masiva de votos-. Frente a The Reader o El desafío, pero también ante Mi nombre es Harvey Milk, Revolutionary Road, Wall·E o El caballero oscuro sería un Oscar injusto. Claro que el símbolo de la Academia no es una equilibrada balanza sino un caballerete asido a una espada. ¿Será ésta una escabechina?

Quién ganará: Slumdog Millionaire

Quién debería ganar: The Reader (El lector)

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