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CRÍTICA: 'Exit Through the Gift Shop', el arte de la fama

La vida y obra del misterioso Banksy, el graffitero más destacado del mundo, es fascinante a poco que se investigue un poco sobre ella. Sus escarceos bordeando la legalidad civil, sus atrevimientos artísticos y su afán de notoriedad desde el más absoluto anonimato, llevaron a un pobre diablo colgado a una cámara de vídeo, Thierry Guetta, a querer seguir a su ídolo allá donde fuera. Pero la genialidad de Banksy no reside en lo que se pueda filmar de él, sino en tener la picardía y la honestidad de saber reconocer una historia más fascinante que la suya y un gran personaje adicto a la fama al otro lado de la cámara. Exit Through the Gift Shop es su historia. La historia de Thierry Guetta, vista por Banksy.

Con esta curiosa y atrayente premisa, y con un perpetuo tono de gran engaño audiviosual, da comienzo uno de los documentales más estimulantes de la temporada, una película que reflexiona, voluntaria e involuntariamente, sobre un tema tan polémico y tan en boga como el mundo del arte y todo el universo que lo rodea. Así, y personificado en Guetta, se van sucediendo en pantalla una serie de acontecimientos que pueden, perfectamente, representar la idea del arte que se tiene hoy en día en sectores como el del graffiti o el arte moderno en general, una profusión de artificios mercantiles que dejan el arte aparcado a un lado para conseguir dinero a costa de cualquier aficionado e interesado en la cultura en general.

CRÍTICA: 'Exit Through the Gift Shop', el arte de la famaResulta en determinadas partes un tanto antropológico observar la forma de actuar de Thierry Guetta desde el incio y su fascinación por el vídeo, en el que no se separa de su cámara para dejar constancia de todos sus pasos de manera enfermiza, hasta su evolución a su afición por el arte callejero, que deriva en su conversión en estrella atormetada del graffiti y el street art, que llena pabellones completos de gente que no ha oído hablar de él nunca antes, pero que por el boca a boca va generando una necesidad en los ciudadanos de a pie que llega a comprar obras del desconocido artista por una cantidad ingente de dinero.

Un acertado juego de espejos entre el artista original y acreditado, Banksy, que mira todo con altanera estupefacción, y la víctima del sistema, artista improvisado, Guetta, que se ve sobrepasado por su propia ambición, una ambición que ha sido generada por el mundo que le rodea. Un mundo de fama, pretensión, artificio y pose, sobre todo pose. Un documental fresco, atrevido y sin pretensión, que deja un poso de crítica y trabajo bien hecho, además de una amplia sonrisa en la cara.