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Tras su paso por la Berlinale, Carla Simón llega con Verano 1993 a la sección oficial de Málaga para elevar el listón a lo más alto. Además, también se han proyectado en la competición el super éxito argentino Gilda, no me arrepiento de este amor, un biopic que se ve con agrado, y la brasileña Redemoinho, una propuesta sobria y truculenta que se viene abajo.

Verano 1993 es la historia real del verano que tiene que afrontar la pequeña Frida para aclimatarse a su nueva situación en una nueva familia adoptiva tras la muerte de sus padres. El debut en el largometraje de Carla Simón ha sido la gran revelación patria de la última edición de la Berlinale donde se alzó con dos premios. Ahora ha llegado a la sección oficial del Festival de Málaga con las expectativas de los grandes eventos.

No ha decepcionado. Esta desgarradora historia, basada en su propia experiencia vital es un luminoso retrato sobre la perdida y el duelo protagonizado por una niña de siete años, pero que también, lógicamente, afecta a los adultos de alrededor. Una delicadeza y una sutilidad que desarman pueblan la estructura narrativa de la película que se aleja de lo evidente, abraza la sugerencia frente al retrato y cuenta con dos niñas protagonistas de abrumadora inocencia y expresividad. En el reparto, David Verdaguer, Bruna Cusí y las revelaciones de Laia Artigas y Paula Robles.

Verano 1993 es el soplo de aire fresco que necesitamos en un año que se prevé algo escaso, a priori, y sin conocer fechas de estreno, de grandes cintas; y, sobretodo, es la revelación de un nuevo talento femenino tras las cámaras, que tanto son necesarios en nuestra cinematografía. Un pequeño y delicado retrato de gran calado repleto de belleza y sensibilidad. Y, sin titubear, merece ser la Biznaga de Oro de este año.

El fenómeno argentino Gilda, no me arrepiento de este amor, ha llegado hoy también a Málaga. En un ruedo en el que no puede valerse de su popularidad, la cinta protagonizada por Natalia Oreiro supone una cinta que, partiendo de una base ya conocida de biopic, está repleta de ritmo, de empatía, de cercanía y hace gala de las propias ventajas que encarnaba la propia Gilda: cercanía con el espectador, buen ritmo, sencillez en su mensaje y una vocación popular de la que sentirse orgulloso. Un perfecto homenaje a la santa del pueblo.

Por último, Remoinho (Remolino), es la tercera película a concurso hoy, un drama de reencuentro entre dos amigos de la infancia marcado por un episodio truculento que ha minado la existencia de los dos protagonistas y su entorno. Una olla a presión de sentimientos y rencores que pierde fuelle en el alargado metraje y las reiterativos flashbacks. La fotografía, sobria y bien estudiada es quizá el único elemento reseñable de esta historia que naufraga en su propio discurso.