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La primera jornada de la Muestra Syfy comenzaba con Villmark Asylum, una cinta noruega con la particularidad de ser una secuela de un gran éxito de público de 2003 en su lugar de origen pero que, por suerte, puede ser disfrutada independientemente de su precuela. Era de agradecer, aunque de poco ha servido ya que su formulaica y previsible narrativa ha hecho de ella un plato complicado de digerir para una hora tan temprana. Atmósfera, efectismo y slasher como elementos más destacables en una cinta para el olvido. Segunda partes nunca fueron buenas.

La tarde continuaba con Nina Forever, una vuelta al subgénero de las ex parejas muertas que vuelven a reaparecer en las vidas de sus ex cónyuges. Metáforas nada sutiles sobre la pérdida, el olvido y lo complicado de las relaciones para una cinta que maneja con pulso firme una historia de sobra conocida con alguna vuelta de tuerca original y un desarrollo más que interesante que hacen de esta película una más que estimable propuesta para una tarde que se presume movidita.

A continuación llegaba uno de los platos fuertes de la Muestra: El último trabajo de Eli Roth, El infierno verde, es una mezcla poco equilibrada entre gore, slasher, comedia pretendida, involuntaria, cine denuncia y mil cosas más. Un cóctel con tantos ingredientes que corría el riesgo de empalagar demasiado y, pese a la confirmación empírica de que Eli Roth ha perdido el pulso cinematográfico, hemos podido comprobar que lo ha sustituido por una mala baba y una sorna ácida que cumple con creces lo que una sesión de la Muestra Syfy pide. Un grupo de excursionistas marcha a Perú a frenar la tala indiscriminada de la selva para proteger a una tribu aborigen. Esa es la premisa de la historia y el desencadenante de una serie de sucesos horrorosamente cómicos que, por una cosa, o por otra, te dejará con una sonrisa en la cara.

El plato fuerte de la noche era la única propuesta española de la Muestra: Vulcania, ópera prima de José Skaf producida por Zentropa se presentaba esta noche con parte de su equipo presente en la sala. Esta distopía patria es un cúmulo de buenas intenciones repleto de ingredientes apasionantes y sorprendentes en una producción española. Desde su diseño de producción hasta la fotografía, los intérpretes o las set pieces son elementos con los que otras producciones solo podrían soñar… pero tiene un grave problema de guión y desarrollo. Una historia ambiciosa que peca de contención y que desluce un conjunto impecable que, desde luego, deja con el regusto de que todo podría haber sido mucho mejor.

En la ultima sesión de la noche se ha proyectado Parasyte, Parte 1, adaptación en acción real de un anime que, contra todo pronóstico, dado el punto de partida y la hora de programación, ha sorprendido bastante con unos efectos visuales rotundos e impecables acompañando a una historia clásica del héroe con un trasfondo dramático bien justificado. Toda una sorpresa para una sesión tan tardía, generalmente reservadas para dislates de género que en esta ocasión deja con ganas de más. Menos mal que existe una continuación.