La esencia de un gran festival es brindar momentos históricos al ser la primera vez que se ven en público títulos que aspiran a trascender. El Festival de San Sebastián hizo historia ayer por otra cuestión: vivir la primera proyección del metraje completa de una película que fue amputada por orden judicial durante la Transición.
Se trata del documental ‘Rocío’, de Domingo Ruiz Vergara, estrenado también en San Sebastián en 1980, que trataba de realizar un recorrido histórico entre la eterna alianza española entre iglesia y poder que culminaban en la romería del Rocío. Los testimonios de un vecino de Almonte que señalaban a José María Reales Carrasco (exalcalde durante la dictadura de Primo de Rivera y fundador de la hermandad rociera de Jerez) como responsable de la represión, con cien asesinados, provocaron una denuncia de sus hijos por injurias graves y escarnio religioso.
En abril de 1981 se prohibió la exhibición de Rocío en Cádiz, Huelva y Sevilla, y dos meses después en toda España, un secuestro del que llegó a informar el New York Times. En 1982 la Audiencia de Sevilla rechazó el testimonio de 17 vecinos y condenó a Ruiz Vergara a arresto, multa y 10 millones de pesetas de indemnización, condena que ratificó el Supremo apelando a la necesidad de «olvidar». La película volvió a los cines en 1985 con los fragmentos suprimidos sustituidos por una pantalla en negro que citaba la sentencia.
Dentro del ciclo España en Libertad, que celebrar los 50 años de llegada de la Democracia pudimos asistir ayer a la proyección completa de la cinta, que es todo un ejercicio de documental histórico canónico al arranque y que acaba por resultar, en el último tercio, un ejercicio metafórico al combinar testimonios en primera personas, datos históricos e imágenes reales de la romería onubense a finales de los 70.
El guion es especialmente hábil al tratar de relacionar sucesos como la invasión napoleónica y el levantamiento de 1936, todo a una escala micro, la de Almonte y otras partes de Andalucía, que certifican, por ejemplo, que cuanta más hambre y represión más crecían las hermandades para ir a ver a la Blanca Paloma.
Los testimonios en primera persona, junto a los datos históricos y antropológicos vertidos por expertos sobre las imágenes de los obispos y clérigos tratados por los romeros como verdaderos duques impactaron de tal forma los rescoldos del franquismo que no permitieron ver completa la película.
Ahora llega de nuevo al cine, justo en el momento en el que muchos de los que no lo vivieron aseguran que cualquier tiempo pasado fue mejor. Vivir para ver.

