‘Artakalam’: cuando la huida adelante pasa necesariamente por una vuelta atrás

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Dieciocho años después de ganar la Concha de Oro por La caja de Pandora -que también le hizo ganar a su protagonista Tsilla Chelton la Concha de Plata a la mejor actriz, ex-aequo con Melissa Leo por Frozen River– la directora Yeşim Ustaoğlu regresa al Festival de Cine de San Sebastián con Artakalam (What Remains), una película contemplativa sobre la vuelta a las raíces como paso necesario para salir adelante y recuperar la mirada que está lastrada por su excesiva parsimonia y la repetición de recursos visuales.

Elif es una poeta casada y madre que se encuentra sumida en una profunda depresión. Su marido Mehmet es músico experimental y anda sumido en su arte demasiado tiempo como para atender a su esposa. Como salida del atasco vital en el que se halla, un día Elif coge el coche y pone rumbo a no sabe dónde. Tras un par de encuentros con otras mujeres del entorno rural, decide volver al pueblo de su abuela, con el que no tiene ninguna relación, para recuperarse y recuperar las ganas de escribir. Por otro lado, Mehmet recibe la llamada de un vecino de su padre que le comunica que este está muy mal. Junto a su hijo, regresa a la casa familiar, convertida en un estercolero, para pasar los últimos días junto a su padre e intentar resolver un importante conflicto del pasado.

Ustaoğlu utiliza la intensidad y la tristeza de la mirada de su protagonista Öykü Karayel para vehicular una búsqueda inconcreta que termina en una reconexión con el pasado. Pero el tránsito hasta ese destino se hace mediante planos larguísimos y repetitivos de paisajes del interior de Turquía, que por fortuna huyen de lo bucólico para centrarse en un medio rural sobreexplotado y echado a perder por obras abandonadas, pueblos que conocieron un pasado mejor, entornos desolados y deshumanizados. Ni siquiera el pueblo de la niñez que le espera es un lugar al que se podría querer volver. Y en ese camino se encuentra no con una ni con dos, sino con tres mujeres que le ayudan y le indican el camino, todo ello en tres interacciones brevísimas. Y por el otro lado, el viaje del desgarbado y ensimismado músico, interpretado por Metin Akdülger, a la casa de la infancia para hacer limpieza (literal y metafóricamente) encuentra un conflicto enquistado que resuelve precipitadamente con una breve conversación.

Aunque hemos visto en muchas otras ocasiones este argumento de la vuelta a las raíces como una manera de desatascar o resolver conflictos, el hecho en este caso de que sea una mujer lo convierte en un tropo más universal, y quizá por eso la película tiene un valor adicional.

‘Artakalam’: cuando la huida adelante pasa necesariamente por una vuelta atrás
Parsimoniosa y repetitiva
Un viaje a las raíces lastrado por la poca originalidad y un ritmo algo tedioso
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