
En la 72ª edición del Festival de San Sebastián el veterano director británico Mike Leigh trajo la maravillosa Hard Truths, un intenso y emotivo estudio sobre la familia y las relaciones entre hermanas, y en esta edición nos regala en Tender Loving Care su visión de la familia como refugio de ternura y cuidados, con grandes dosis de humor y una pequeña aportación a la crítica del neoliberalismo. Una película sencilla que lleva en volandas al espectador hacia el doloroso final gracias a unos diálogos chispeantes y naturalistas y unas interpretaciones llenas de verdad.
Dos amigas treintañeras, las dos trabajadoras sociales, comparten vivienda. Las dos son risueñas y divertidas, con un punto payaso con el que hacen frente a su duro trabajo y a sus fracasos amorosos. Y los padres de una de ellas comparten esa misma forma de ver la vida, en la que no falta la ternura, el humor y las ganas de que los demás en su entorno se sientan bien. El declive paulatino del padre pone a prueba estas relaciones y demuestra que cuando las instituciones fallan o no simplemente se puede contar con ellas, la familia es el único lugar posible.
Mike Leigh, en la que “probablemente” (según ha dicho él mismo) sea su última película, utiliza los mimbres que mejor domina -tratar a los actores como seres humanos y dejar que se muevan y hablen con libertad, sin imposturas, el estilo naturalista, la cámara cercana que casi es una más de las conversaciones- para hablar de los cuidados alejándose de términos como compasión o caridad. Cuidados que nacen del amor y del cariño, que tienen más que ver con la compañía, el respeto o la consideración por los demás. Con los padres que envejecen y con las amigas que pasan un bache amoroso o laboral. Y el resultado es una película hermosa, directa, sin subterfugios estilísticos, que respira humanidad. Y no queremos que deje de hacer cine nunca.


