
Benjamín Naishtat llevaba dos muy buenas películas en dos ediciones distintas del Festival de San Sebastián –Rojo en 2018 y Puan, dirigida junto a María Alché en 2023- por lo que había expectativas y ganas con Glaxo, que se presentaba en esta 74ª edición. Pero esta historia a caballo entre un coming of age y thriller se queda a medias tintas y no logra interesar, por buena que sea la historia, que lo es.
Ambientada en el año 1957, en la ciudad de Chivilcoy, la amistad entre cuatro jóvenes se ve enturbiada por la llegada de un excomisario de policía de maneras siniestras e intrigantes con su joven mujer. Cuando uno de ellos inicia una relación con ella, tomará decisiones que tendrán consecuencias hasta mucho tiempo después, en los años 80.
Aunque la labor de ambientación y fotografía a la hora de distinguir las dos épocas -una más luminosa y colorida para finales de los 50 y otra más sombría y gris para los 80- y podamos destacar la interpretación de Marcelo Subiotto como el inquietante excomisario Folcada, ni el tono, ni los actores logran transmitir la intriga o tensión que se supone a una película de estas características, y el arco de los personajes es limitadísimo, casi todos hasta parecen estereotipos sin desarrollo ni cuestionamiento. Hay mucha sugerencia que no lleva a ninguna parte, y la traición de la que se habla a lo largo de toda ella ni satisface ni llega a ninguna parte.


