La Sección Oficial nos traía hoy dos películas un tanto atípicas para un festival como San Sebastian: Rampart, una suerte de remake/homenaje a Teniente Corrupto con Woody Harrelson y Robin Wright; y Los Marziano, una comedia coral argentina sobre la clásica, típica y resobada familia disfuncional. Ante este panorama, no era de extrañar que la estrella del día haya sido Verbo, el debut en el largometraje del exitoso Eduardo Chapero-Jackson, una inenarrable película de filosofía ni-ni de saldo revestida de una propuesta visual apabullantemente hueca.

El filme del americano Oren Moverman, que ya contó con Woody Harrelson en su anterior trabajo, The Messenger, se mueve entre los infiernos ya retratados en Teniente Corrupto o Leaving Las Vegas para intentar dar un enfoque mas atractivo que novedoso, en lo que fracasa estrepitosamente armando un relato pesado, aburrido y con aires de telefilme de sobremesa.

Los Marziano, sin embargo, es una comedia argentina ligera  que cuenta el periplo de dos hermanos que llevan años distanciados y que estan condenados a encontrarse a su pesar. La ligereza de la trama argumental, asi como el poco interés de la misma y la eterna sensación de déjà-vu del cine argentino, hace de esta nueva película de Ana Katz otro de los grandes títulos que no se termina de saber por qué han acabado en esta Sección Oficial.

Ante este desolador panorama, ademas del interés de su programación en sí misma, la protagonista absoluta de la jornada ha sido Verbo, el debut en el largometraje del director español Eduardo Chapero-Jackson. La propuesta, a priori novedosa y atractiva, pierde fuelle desde el minuto uno con una voluntad mal interpretada de conectar con el adolescente medio a través del conflicto interior, la incomprensión del entorno y el inconformismo con el mundo que rodea a una quinceañera que vive la vida en verso.

La filosofía de brocha gorda inunda la pantalla cuando Chapero-Jackson utiliza su virgueria audiovisual para intentar explicar a través de rimas declamadas los sentimientos encontrados, la sensación de insatisfacción y el regocijo de la búsqueda de alguien afin a sus ideas, Liriko, una especie de Mesías graffitero y rapero que ayudará, junto a su estrafalario séquito de actores españoles irreconocibles (Verónica Echegui, Víctor Clavijo o Adam Jezierski, entre otros) a que el personaje interpretado por la correctisima Alba Garcia consiga retomar las riendas de su propia vida. Un experimento con buenas intenciones que se va de las manos, y, en cualquier caso, una de las propuestas más originales de los últimos años en el cine español.