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Queridos lectores de Intermezzo, permitdme que antes de ofreceros mi punto de vista sobre Tiana y el sapo que daremos mañana me quite una espina robando un poco de vuestro tiempo para presentaros en mayor profundidad a Randy Newman. Randy es ese tipo afable de pelo blanco pegado siempre a un piano que con voz desgañitada se entrega para sacar una sonrisa al prójimo y si es la de un niño, mejor que mejor. Su espíritu optimista y su ramalazo jazzístico le han consolidado como un artista único en su estilo. Este hombre no sólo posee un talento voraz frente a la composición de canciones sino que tiene una personalidad musical única y muy necesaria en un campo en el que los golpes de efecto se están comiendo el mercado.

El empecinamiento de ciertos aficionados por minusvalorar su trabajo, incluso considerarle como un outsider por su carrera paralela como artista, es de las cosas que más me alucina en la vida. Porque para empezar con Randy podríamos afirmar aquello de que de casta le viene al galgo. Los tíos de Randy, eran nada más y nada menos que esa triada de músicos legendarios del Hollywood clásico. El más importante, Alfred Newman, el compositor más nominado a los Oscar de la historia del cine (empatado con John Williams a 45 candidaturas) con un rédito de nueve estatuillas conseguidas en los principios del cine sonoro (La canción de Bernadette, El rey y yo). Lionel Newman, nominado once veces al Oscar y ganador por el musical Hello Dolly era también uno de los más importantes conductores de orquesta (suya es por ejemplo la dirección musical de La profecía de Jerry Goldsmith). Tampoco olvidemos a su primo, Thomas Newman, nominado diez veces al Oscar, revolucionario de la música de cine de los noventa y padre de fantásticas composiciones como American Beauty, Cadena perpetua o Mujercitas. Y por último, David Newman, finalista al Oscar por Anastasia. Randy era hijo del único Newman no músico de cine, George, cuya profesión era dentista. Criado por sus padres hasta los once años en Nueva Orleans, esta ciudad le marcaría musicalmente hasta tal punto que determinaría todo su estilo musical.

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Suena ‘Main theme’ de The Natural, nominada al Oscar a la mejor partitura

Con todo, Randy decidió ir por su cuenta en esto de la música. Tras años de pequeña escalada discográfica, sus aptitudes como compositor al piano le labraron cierto prestigio y se convirtió en un artista atípico de los años sesenta y setenta con exitazos como ‘You can leave your hat on’ o ‘Short People’. No fue hasta 1971 cuando se decide a probar a componer su primera partitura para cine, Un mes de abstinencia. La experiencia no le convenció mucho porque no volvió a componer nada hasta diez años después con Ragtime, de Milos Forman que le catapultó directamente a los Oscar (estuvo nominado a la mejor partitura y mejor canción). Un ejercicio melódico y elegante de orquesta, homenaje al estilo ragtime, probablemente el mejor hasta la fecha, que además debió ganar la estatuilla. Composiciones como Avalon, The natural (sensacional tema heróico) o Dulce hogar… a veces le confirmaron como un músico de estilo libre y de gran sensibilidad melódica.

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Suena ‘Suite from Pleasantville’, de Pleasantville, nominada al Oscar a la mejor partitura dramática

Sin embargo, parece que hoy nadie se acuerda de estos esfuerzos orquestales y se le ha empezado a juzgar a partir de su colaboración con Pixar con la que ha labrado una gran proyección y una fortísima conexión con el humor animado. Partituras excelentes como Bichos, Pleasantville o James y el melocotón gigante y canciones tan famosas como ‘You’ve got a friend in me’ o ‘When she loved me’ le han granjeado el posterior aplauso de la Academia. 14 nominaciones y el san benito de ser el mayor músico perdedor de la historia de los Oscar llegaron a su fin en 2002. La canción ‘If I didn’t have you’ de Monstruos S.A. (también finalista a mejor partitura) se erigía como la gran vencedora, una justísima decisión para una canción que en realidad era una coña petarda entre sus dos protagonistas. Sin embargo, era la única canción que no estaba ahí de pegote sino que conectaba con la película a la que representaba (además, el resto eran unos bodrios de cuidado).

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‘If I didn’t have you’, Oscar a la mejor canción original de 2001

Con este bagaje hay todavía quien se refiere a Randy como un músico menor. El problema es que la música de Randy es sencilla, simpaticona y liviana, algo que al parecer no es serio en según qué círculos. ¿Cuantos músicos al uso conocéis que escriban sus partituras a solfeo con lápiz y que dirijan su propia orquesta con batuta en mano? Pues hoy desgraciadamente son pocos. Muchos (desde Danny Elfman hasta Hans Zimmer, sí, habéis leído bien) delegan la conducción orquestal, encargan música adicional a becarios, sistematizan electrónicamente la música o simplemente no escriben siquiera la partitura. Por tanto, no sé yo quién realmente tiene más de músico de cine. Pienso que da gusto escuchar a un compositor que vende autenticidad, que sabes que nunca va a perder su personalidad. Yo como aficionado, y llevo casi toda mi vida en esto, creo firmemente que Randy es uno de los músicos más sólidos del cine. Porque a diferencia de otros, Randy sigue garantizando lo que ofreció desde el primer día. ¿Pueden James Horner o Danny Elfman decir lo mismo? Para mí, su alegre e intoxicante estilo siempre ha sido muy bienvenido.