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El friso de los cuatro directores que compiten por el Goya a la mejor dirección es una de las mejores tarjetas de visita del cine español. Si añadiéramos a Fernando Trueba (que este año ha pinchado con La reina de España) y a Alejandro Amenábar sería fácil demostrar que la española es una de las cinematografías más ricas y dispares del panorama mundial. Un orgullo tal para esta industria y este país, que gane quien gane aquí el premio estará bien dado.

Alberto Rodríguez por El hombre de las mil caras

El sevillano Alberto Rodríguez (9 nominaciones, 2 goyas) se confirma película tras película como uno de los directores más personales, sólidos e influyentes del cine español. Si con La isla mínima demostró que en España se puede hacer thriller de época y de mucha calidad, moderno, personal y muy relevante, con El hombre de las mil caras añade además que se puede todo eso con ironía, visión crítica, cierto aire instructivo o pedagógico y un componente lúdico que convierten a esta gran película en una rara avis que sin duda abre nuevas vías. Y lo hace sacrificando elementos artísticos como la deslumbrante fotografía de La isla mínima para centrarse en un mundo gris lleno de tejemanejes políticos y económicos, una jungla en la que sobrevive solo el que sabe utilizar en beneficio propio la ruindad, la ambición y la torpeza ajenas. Pintando a Paesa como ese truhán marrullero y cutre, a Roldán como un pobre hombre víctima de todos (incluso de él mismo) y a un gobierno que no tenía escrúpulos, construye una historia jugando conlos puntos de vista, la línea del tiempo y con el espectador, divirtiéndose y divirtiendo. María Pérez

Pedro Almodóvar por Julieta

Vuelve el maestro. Julieta ha sido una de las mejores noticias para el cine español de este año. Después de renquear por razones diversas en sus anteriores títulos, Pedro Almodóvar (18 nominaciones, 3 goyas) ha vuelto a regalarnos una cinta a la altura de su talento y, sobre todo, de su visión y su tono, tan admirados y muchas veces inspiradores. El manchego ha puesto en esta cinta todo su dominio de la puesta en escena, haciendo gala de la plasticidad que le caracteriza, en la que la forma siempre tiene que ver con el fondo y, aún más, lo amplía y explica. La única pega que podemos poner es que en esa búsqueda de su propio tono a veces tengamos la sensación de que Almodóvar en vez de crear se imita a sí mismo. Pero, si así fuera, quién mejor para hacerlo y rozar con la yema de los dedos las cumbres de su filmografía. Julieta es, no lo podemos obviar, imperfecta, pero al vez un espléndido ejercicio autoral de un hombre que ha colocado al cine español y a su propia obra en los altares de medio mundo. Que gane o no el Goya es harina de otro costal: los académicos van a estar fuertemente divididos entre él y Bayona, lo cual es tanto como enfrentar a un director en plena madurez con otro que por fin la alcanza. En efecto, cada uno tiene su momento. Fernando de Luis-Orueta

Rodrigo Sorogoyen por Que Dios nos perdone

Rodrigo Sorogoyen (tres nominaciones) alcanza la categoría madre dentro del apartado de dirección tras su nominación a la categoría novel por Stockholm con Que Dios nos perdone, un absoluto y concienzudo ejercicio de género que en su propio ímpetu encuentra su mayor debilidad. Apuestas visuales muy concretas, diversos ritmos y una marcadísima dirección de actores hacen de esta propuesta una de las más sobresalientes por aparatosa, más que por resultado. Inconsistencias en la propia propuesta visual, flujos irregulares de ritmo y discutibles decisiones de dirección que lastran el resultado final conforman una propuesta firme, valiente, oscura, incluso tenebrosa y con alguna idea realmente brillante. Un trabajo de dirección con una marcada personalidad y una importante presencia en pantalla que dejan entrever a un talentoso realizador que aún tiene que medir sus fuerzas como artesano de la imagen. El Goya llegará, pero quizá no sea ésta la mejor ocasión. Clapton Davis

J.A. Bayona por Un monstruo viene a verme

El hombre que no conoce el significado de la palabra fracaso vuelve a los Goya invicto con dos cabezones bajo el brazo: el de mejor director novel por El orfanato y el de mejor director por Lo imposible. Su tercer largo, la adaptación del cuento de Patrick Ness Un monstruo viene a verme, ha renovado el enamoramiento de los espectadores españoles con Bayona. Su cine se percibe como de otra liga. Es cine español, pero no: actores extranjeros, inversión millonaria -en el caso del monstruo habrá que hacer balance después de su batacazo en la taquilla USA, pero esa es otra historia- proyectos internacionales como Penny Dreadful o la secuela de Jurassic World… El talento de este director al que tantas veces se ha comparado con Spielberg se da por hecho y ya hay quien le empieza a echar en cara que ruede en inglés. En los Feroz, recordemos, fue Raúl Arévalo el que se llevó el gato al agua. “Bayona está por encima, no lo necesita”, parecía decir el murmullo general. Pero seamos justos: este Goya, y más con el director de Tarde para la ira compitiendo en dirección novel, es suyo. Bernardo Pajares

Ganará: J.A. Bayona por Un monstruo viene a verme
Debería ganar: J.A. Bayona por Un monstruo viene a verme
Molaría que ganara: J.A. Bayona por Un monstruo viene a verme