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Dream HomeLa única película a concurso de la Sección Oficial que se pudo ver ayer en Sitges, la hongkonesa Dream home, es todo lo que un fan del género puede desear en este festival: una orgía de sangre y vísceras de lo más disfrutable, con su toque de crítica social. Tomando como base la burbuja inmobiliaria que en el 2007 propició la crisis económica que ha sacudido al mundo recientemente, el director Ho-Cheung Pang monta una gamberra y desquiciada película que es todo un festín de muertes sangrientas y efectos de maquillaje.

A pesar de que Sitges últimamente ha optado por premiar títulos más de autor (Moon, The fall) estaría bien que, por una vez, se plantease galardonar ejercicios de género puro y duro. Quizá pueda rascar de todas formas un premio al mejor guión. Y si la categoría de intérprete femenina no estuviese tan disputada ya, quizá su excelente protagonista Josie Ho podría aspirar a premio.

En la sección Panorama, también a competición, se pudo ver The reef, entretenido título del subgénero de terror acuático, a medio camino entre Open water y el Tiburón de Spielberg, que cuenta con medios y está bien rodado, logra mantener la tensión en su primera mitad, pero cuando comienza la chicha se torna bastante repetitiva, probablemente porque la premisa de cuatro náufragos intentando llegar a tierra firme en una zona atestada de tiburones no da para más.

También en Panorama se presentó la última película de James Wan, el director de la primera Saw. El mismo Wan presentó su film en el Auditori frente a una audiencia completamente entregada a la causa (Sitges es así). Insidious, su cuarta película, cuenta con un buen reparto en el que destacan Patrick Wilson y Rose Byrne y comienza como un eficaz rip-off (confeso) de Poltergeist, con buenos sustos e imágenes interesantes, pero que, y esto es culpa principalmente del infantiloide guionista y coleguita de Wan, Leigh Whannell, se torna un despropósito de malos diálogos y situaciones más propias de una parodia del cine de terror de los 80. Además, la banda sonora es de vergüenza ajena.

Otro director muy querido en Sitges, Brad Anderson, premiado hace años por su notable Session 9, presentó el estreno europeo de su última película, Vanishing on the 7th street, con un reparto también muy hollywoodiense formado por Hayden Christensen, Thandie Newton y John Leguizamo. Por desgracia su premisa de una ciudad acosada por unas peligrosas sombras con la luz como único elemento salvador, en realidad no pasa de ser un subproducto con tintes religiosos, mal escrito, que no provoca miedo alguno y que es, de lejos, el peor título de la filmografía de Anderson hasta la fecha.

Para acabar, en Noves Visions, donde hasta ahora hemos podido ver títulos muy interesantes, se pasó la norteamericana A horrible way to die, de Adam Wingard, tediosa cinta de asesino en serie acosando a su ex-novia, que abusa de una fotografía mareante y fuera de foco y una dirección de primerizo que lo único que provocó fueron bostezos y dolor de cabeza.