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Dirigida por Joon-ho Bong (The Host) y basada en un cómic, Snowpiercer es una de esas películas que es mejor afrontar sin haber leído casi nada al respecto y de la que sólo hace falta saber que gira en torno a un mundo futuro en el que un experimento fallido ha condenado a la Tierra a una nueva era glacial en la que los pocos humanos supervivientes pasan los días en un tren de alta velocidad que no para nunca y con un sinfín de vagones destinados cada uno a un menester necesario para la supervivencia de la raza humana.

Si eres de los que prefiere no saber nada más, para de leer aquí. Si, por el contrario, eres justo lo contrario, en este post descubrirás los aciertos y errores (sin spoilers) de una de las propuestas más interesantes de la ciencia ficción en lo que va de año. Snowpiercer dibuja, en su capa exterior, un mundo apocalíptico donde una parte de la Humanidad (se sobreentiende que mayoritaria) malvive en el vagón de cola mientras los privilegiados disfrutan de todo tipo de lujos en los delanteros. Una diferencia interesante en el habitual planteamiento arriba-abajo (Elysium y Un amor entre dos mundos) o cuidad-suburbios (Los juegos del hambre y Desafío total).

Es posible que este sea, quizá, el aporte más novedoso de la película dirigida por Joon-ho Bong, ya que en su desarrollo cae en demasiados tópicos del género apocalíptico/distópico, con personajes excesivamente arquetípicos en su mayoría y giros argumentales hacia el final que no terminan de explicarse bien. Muchas son las incógnitas que quedan en el aire sobre qué ocurrió, cómo llegaron los que están en el tren al tren y porque éste no puede parar nunca.

snowpiercer

Lo que sí cuenta Snowpiercer, y es en lo que se recrea en realidad, es la rebelión encabezada por el segundo de a bordo, Chris Evans, de un vagón de cola en el que el líder es John Hurt y en el que cuentan también con cierta relevancia Octavia Spencer y Jamie Bell. Hartos de comer unos bloques gelatinosos de aspecto poco apetecible, de vivir hacinados sin ver la luz de lo que pueda quedar del Sol y en condiciones lamentables, deciden plantar cara al líder supremo que todo lo ve y lo controla (sí, algo hay de Gran Hermano en ese tren) y reclamar el control.

En el reparto de los privilegiados destacan una Tilda Swinton caricaturizada como una de las acólitas más sumisas y tiránicas del llamado Wilford (Ed Harris), constructor del tren y sumo benefactor de la Humanidad según quienes comulgan con sus ideales que, no son otros, que los que viven bien en los primeros vagones. Era de esperar. Su reducido mundo es colorido, alegre y lleno de privilegios mientras el de los habitantes de la cola es gris, oscuro y sucio. Un aspecto que recuerda a Los juegos del hambre, Elysium… y tantas otras historias similares.

La revolución sirve de excusa a Joon-ho Bong para orquestar una serie de escenas de acción que son de lo mejor de la película por la dificultad que entrañan en un espacio tan reducido y su toque de viñeta dotada de movimiento. Eso y el viaje de los pasajeros de tercera descubriendo al espectador vagón a vagón ese tren que se ha convertido en una especie de museo rodante de lo que fue el mundo antes de congelarse son los dos grandes atractivos de Snowpiercer junto con un reparto tan interesante como solvente.

Lástima que los tópicos eclipsen a veces el buen desarrollo de la trama, que no se profundice más en algunos temas y que el montaje tenga 20 minutos de más.