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Sin duda, 2011 ha sido un buen año para la dirección artística en el cine español. Los cuatro trabajos que compiten presentan lenguajes visuales muy complejos que van desde el homenaje al western (Blackthorn, sin destino) hasta el realismo sucio (No habrá paz para los malvados), pasando por dos ejercicios totalmente esteticistas: el simbolismo barroco de La piel que habito y el futurismo vintage de Eva.

GOYATLÓN 2011: Dirección artística

Juan Pedro de Gaspar por Blackthorn, sin destino

Rodada íntegramente en Bolivia, la nueva película de Mateo Gil muestra los últimos coletazos de una forma de vida, la de los legendarios bandidos del Lejano Oeste, en una geografía poco habitual que, sin embargo, recrea a su manera algunos tópicos del western. Bolivia es una suerte de exilio dorado, una tierra extraña, un hogar de prestado para el protagonista, que decide emprender el regreso a casa. En ese sentido, su concepción espacial y plástica se encuentra más próxima al universo visual de la road movie que al western tradicional. Su mayor acierto son, sin duda, unas espléndidas localizaciones exteriores, parajes naturales donde los personajes se ubican con naturalidad. Los edificios e interiores siempre dan una impresión excesivamente esquemática, aunque esa estética se encuentra en sintonía con el espíritu de cierto western crepuscular: poblaciones prácticamente improvisadas, edificios apenas esbozados, interiores impersonales, austeridad, lugares de paso. No es un trabajo sobresaliente, pero sí muy meritorio. Con Blackthorn, Juan Pedro de Gaspar recibe su segunda nominación al Goya (la primera fue en 2004, por El lápiz del carpintero).

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Laia Colet por Eva

El trabajo de Laia Colet para Eva es uno de los más complejos y personales que encontramos entre las producciones españolas de este año. Ante el desafío que supone diseñar el aspecto visual de una película de ciencia ficción, Colet ha evitado deliberadamente el futurismo habitual y se ha decantado por una delicada atmósfera de aire steampunk, donde la sofisticación de la alta tecnología queda integrada en un entorno arquitectónico y plástico deliberadamente vintage. Las impresionantes localizaciones naturales (paisajes naturales, una ciudad siempre nevada, un campus de tintes victorianos) son uno de sus mayores aciertos, así como la evocadora casa familiar del personaje interpretado por Daniel Brühl. El estudio donde trabaja, coronado por una espectacular cúpula de vidrio, no queda muy lejos de los legendarios espacios habitados, en el imaginario popular, por inquietantes científicos victorianos. Laia Colet, que no es en absoluto una principiante, cuenta en su curriculum con un título tan absolutamente destacable como El perfume. Historia de un asesino. Su labor para Eva es menos ambiciosa, pero no por ello menos inteligente, precisa y sutil.

GOYATLÓN 2011: Dirección artística

Antxón Gómez por La piel que habito

Aunque la crítica no se ponga de acuerdo sobre los méritos narrativos y dramáticos de La piel que habito, lo que parece fuera de toda duda es que la última película del director manchego es la más extrema, en el terreno visual, de toda su carrera. Antxón Gómez, colaborador habitual de Almodóvar, ha creado un microcosmos estético donde conviven referencias culturalistas enormemente estimulantes: imágenes procedentes de artistas del siglo XX (Louise Bourgeois, Lucien Freud, Guillermo Pérez Villalta), enormes reproducciones artísticas (Tiziano) que parecen un homenaje obvio a Las amargas lágrimas de Petra Von Kant y un sinfín de guiños artísticos que gravitan en torno a la cuestión de la identidad y el cuerpo. Todas estas referencias comparten un mismo espacio, un inquietante cigarral high-tech. Como si fuera una fortaleza aislada del mundo, el escenario principal de La piel que habito es una metáfora visual perfecta de una obsesión que se retroalimenta sin cesar hasta la locura. El aspecto tecnológico y sofisticado del quirófano, el terrorífico sótano, o el toque art brut de la habitación donde reside el personaje de Elena Anaya son otros aciertos de un trabajo casi impecable. Las únicas elecciones poco afortunadas corresponden a ciertos exteriores (manido rincón de Santiago de Compostela) o a la voluntad de integrar ciertos espacios típicamente almodovarianos (la cocina de la casa) en un universo plástico con entidad suficiente para prescindir de ese tipo de elementos autorreferenciales.

GOYATLÓN 2011: Dirección artística

Antón Laguna por No habrá paz para los malvados

Antón Laguna recibe este año su segunda nominación a los Goya. La primera le llegó en 2010 por su labor en Celda 211, una cinta que presenta muchos puntos en común con No habrá paz para los malvados. Ambas son, en cierto modo, películas de época contemporánea con vocación realista y ciertos toques expresionistas y sociales. Sin embargo, No habrá paz para los malvados, en el terreno de la dirección artística, es un proyecto infinitamente más ambicioso. Laguna ha sabido recrear con acierto el Madrid tenebroso y conflictivo posterior al 11-M, una ciudad repleta de amenazas, culturas estancas y estructuras incomprensibles a simple vista. Sus creaciones se mueven con soltura en el terreno de lo sórdido, lo industrial y lo suburbano. Laguna retrata con talento barriadas, bares, burdeles, aeropuertos y pisos. Nada en ellos está limpio ni ordenado; de hecho, todos los espacios parecen deteriorados por el tiempo, la violencia, la miseria y la corrupción: posiblemente la mejor metáfora visual del mensaje de una película que plantea la opacidad de la sociedad contemporánea y la imposibilidad de entender las cosas con claridad. En ese sentido, es un trabajo acertadísimo y enormemente complejo, aunque no parece probable que gane la estatuilla frente a otros competidores que ostentan un mayor derroche de imaginación.
Ganará: La piel que habito

Debería ganar: La piel que habito