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El vestuario cinematográfico tiene que ser creativo y visualmente provocador, pero ante todo debe estar al servicio de la justificación y la amplificación del universo dramático de la película. Este año, tres pesos pesados del vestuario fílmico español (Paco Delgado, Lala Huete y Tatiana Fernández) miden su prestigio y solvencia con Cristina Rodríguez, candidata a los Goya por segunda vez. Las cuatro producciones que compiten son esencialmente contemporáneas y trabajan sobre una base realista a la que superponen toques pop que van desde el colorismo retro de Los amantes pasajeros hasta el desenfreno tenebroso de Las brujas de Zugarramurdi, pasando por el verismo retro de Vivir es fácil con los ojos cerrados y el esperpento social de 3 bodas de más.

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Cristina Rodríguez por 3 bodas de más

El vestuario de comedia tiene sus propias exigencias: tiene que ser inmediato, definir a los personajes de un golpe de vista y aportar la dosis exacta de exageración para lograr el efecto cómico sin perder el vínculo con la realidad. El trabajo de Cristina Rodríguez en 3 bodas de más es, en ese sentido, muy adecuado. Nunca pierde de vista el realismo de una comedia contemporánea, pero se permite ciertos toques de colorismo que le van como anillo al dedo a un argumento enmarcado en la más excesivas de las ceremonias de etiqueta: una boda. Los lugares comunes del género –damas de honor conjuntadas, pamelas excesivas, estilismos demasiado “arreglados”– conviven con toques de excentricidad muy interesantes. ¿Su única pega? Que en ocasiones abusa de los tópicos. El afeamiento (y posterior embellecimiento) de Inma Cuesta, el empleo de arquetipos sociales llevados hasta la parodia –el hippie, la pija, el adolescente despistado– quizás lastran las posibilidades creativas de un trabajo que, en cualquier caso, es más que oportuno y jamás resta protagonismo al resto de la película.

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Paco Delgado por Las brujas de Zugarramurdi

Después de su entronización via Hollywood, no cabe duda de que Paco Delgado es el diseñador de vestuario que más expectación despierta en nuestro país. En Las brujas de Zugarramurdi ha cumplido de sobra todas esas expectativas. Su vestuario para la película de Álex de la Iglesia bebe de fuentes muy diversas y refleja a la perfección un universo a que oscila entre influencias muy diversas. El costumbrismo cómico de las brujas que acuden al banquete vestidas “de calle”, los excesos góticos del aquelarre, el look catwoman del personaje de Carolina Bang y, por supuesto, los harapos y desgarrones imprescindibles en todo relato de brujas conviven con un trabajo tan cotidiano como el elaborado para la escena inicial, en la Puerta del Sol madrileña, no exento de cierta crítica social. Brillante y desmesurado, Paco Delgado cuenta con muchas papeletas para ganar, y todas ellas muy merecidas.

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Tatiana Hernández por Los amantes pasajeros

El cine de Almodóvar siempre nos ha deparado gratas sorpresas en el terreno del vestuario. Tatiana Hernández ha sabido intensificar con el vestuario el mundo visual de la película gracias a colorido, simplicidad pop y toques de humor. Todos los personajes visten de acuerdo con la estética exacerbada y kitsch de la película. El elemento más llamativo quizás sean los uniformes retro de la tripulación, firmados por David Delfín, pero hay mucho más: nuevorriquismo, indumentaria turística e incluso vestuarios que recuerdan a personajes de la vida pública española y que facilitan la lectura en clave de la película. Quizás en algunos momentos peque de excesivamente esquemática, pero si algo tiene Los amantes pasajeros es su capacidad para crear un microcosmos cerrado con sus propias leyes. Y no cabe duda de que Tatiana Hernández las cumple a la perfección.

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Lala Huete por Vivir es fácil con los ojos cerrados

No es fácil hacer una película sobre la España de los años sesenta y setenta. El fenómeno Cuéntame es demasiado omnipresente, pero también los innumerables revivals de la moda sesentera que hemos visto en videoclips hipsters, anuncios publicitarios y colecciones de moda. Los sesenta han vuelto demasiadas veces, y por ello el principal reto de Lala Huete era volver a los sesenta sin resultar sesentera. En busca de esa autenticidad, el punto de partida de su trabajo no ha sido la estilización de la indumentaria de la época, sino prendas auténticas recolectadas en almacenes y tiendas de segunda mano. El resultado es un trabajo bien armado, honesto y con ambición estética que trata de huir de la nostalgia y muestra una imagen de la época alejada en lo posible de los clichés. Lala Huete demuestra su profesionalidad, y lo hace con la seguridad que le dan sus tres Goyas.

Ganará: Paco Delgado por Las brujas de Zugarramurdi
Debería ganar: Paco Delgado por Las brujas de Zugarramurdi