A excepción de los vestidos de Prada rediseñados para El gran Gatsby, no hay ejemplos de trabajos actuales ni futuristas entre las películas nominadas al Oscar al mejor diseño de vestuario. Lo que sí encontramos son suntuosas recreaciones de época: el siglo XIX viene representado por los trabajos históricos de The Invisible Woman12 años de esclavitud, mientras los primeros años del siglo XX resplandecen en la adaptación de la novela de Scott Fitzgerald y en la síntesis orientalista de The Grandmaster. Lo más cercano al tiempo presente es el derroche de lujo ostentado porLa gran estafa americana, que recupera el espíritu setentero de Halston o Diane Von Furstenberg para delirio de los arqueólogos de la moda.

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Michael Wilkinson por La gran estafa americana

Si en el terreno de la dirección artística La gran estafa americana era una síntesis del maximalismo neoyorquino de los años setenta, su vestuario no le va a la zaga. Su responsable es Michael Wilkinson, que recibe su primera nominación a los Oscar y que ya ha trabajado en producciones como 300Watchmen. No parece casual que un diseñador acostumbrado a vestir superhéroes haya sido elegido para vestir una película donde la moda y la indumentaria definen relaciones de poder y estatus llevadas al límite de la ética y la estética. Los personajes de La gran estafa americana tratan de reinventarse constantemente y de construirse una imagen acorde con el mundo excesivo en que se mueven, y las referencias que encontramos son de todo menos discretas. Wilkinson ha comentado que su mayor inspiración para vestir al personaje de Bradley Cooper fue el desenfreno disco de Fiebre del sábado noche. A su vez, las mujeres de la película se visten con wrap dresses de Diane VonFurstenberg y escotes infinitos de Halston, de cuyos archivos ha salido gran parte del vestuario femenino de la cinta. Otro aspecto interesante es que la mayor parte del guardarropa es auténtico y procede de tiendas vintage, subastas y viejos almacenes de negocios de alquiler de vestuario.

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William Chang Suk Ping por The Grandmaster

William Chang es colaborador habitual de Wong Kar Wai y el responsable de vestuarios tan influyentes como los de 2046 o Deseando amar, dotados de una sutileza estética a medio camino entre el orientalismo y la época dorada de Hollywood que ha gozado de una extraordinaria influencia no sólo en el cine, sino también en el mundo de la moda. En esta ocasión se traslada a una época anterior, al Hong Kong de inicios del siglo XX para recrear un peculiar universo plástico a medio camino entre la elegancia art déco y el tradicional mundo de las artes marciales. El perfeccionismo de su trabajo (también es el responsable de la dirección artística) se refleja en bordados, colores y acabados extraordinariamente precisos. Tampoco el colorido era algo sencillo; hay destellos de colorido, pero la mayor parte del vestuario masculino se basa en el negro, por lo que Chang tuvo que trabajar con diferentes tonalidades, y asegurarse de que las texturas y el volumen quedaran suficientemente realzados. Si a esto le unimos un extraordinario esfuerzo de producción (gran parte de los trajes están cosidos a mano para resultar más creíbles), el trabajo de Chang se consolida como uno de los más brillantes de su carrera, y como un firme competidor en esta categoría.

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Catherine Martin por El gran Gatsby

Catherine Martin recibe este año su cuarta nominación a los Oscar. Como en las anteriores ocasiones, lo hace gracias a su participación en una película de BazLuhrman, junto a quien ya ganó un Oscar por Moulin Rouge. Sobre su trabajo al frente del vestuario de El gran Gatsby se puede decir lo mismo que ya comentamos a propósito de su diseño de producción, también nominado. La revisión en clave pop del vestuario del suntuoso Nueva York de los años veinte no escatima en lujo, colorido y golpes de efecto más propios del music hall que del vestuario cinematográfico convencional. Aunque quizás ahí resida su mayor atractivo; en su carácter excesivo, en su poderosa imaginación, en un esteticismo llevado a las últimas consecuencias. Si en la anterior versión cinematográfica de la novela de Scott Fitzgerald el vestuario llevaba la impronta de Ralph Lauren, en esta ocasión el ¿quién da más? lleva el sello de Miuccia Prada, que ha creado para los personajes femeninos de la película cuarenta modelos inspirados en diseños recientes de la marca milanesa. Otros momentos memorables de la película son los trajes de sastrería de Gatsby o el estilo Ivy League de Nick Carraway. El resultado es un trabajo coherente y bien planteado que rebosa imaginación y que cuenta con muchas posibilidades para llevarse el premio. ¿Lo conseguirá?

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Michael O’Connor por The Invisible Woman

La única nominación para The Invisible Woman, la película que Ralph Fiennes ha dedicado a un romance crepuscular del escritor Charles Dickens, ha sido para su trabajo de vestuario. En este caso, recae sobre Michael O’Connor, que ganó su único Oscar hasta la fecha por La duquesa (2008) y que volvió a ser nominado por la maravillosa Jane Eyre (2011). El suyo es un trabajo impecable que nos devuelve a latradicicón de las grandes películas victorianas. Es especialmente complejo por la gran cantidad de personajes, escenarios y situaciones que debe tener en cuenta, pero también por la extraordinaria simbiosis que establece con el departamento de dirección artística. El resultado es soberbio y preciso. Nada parece un disfraz, los diseños están convenientemente envejecidos y reflejan la maestría de un diseñador de vestuario capaz de distinguir con precisión los cambios indumentarios de cada década del siglo XIX.

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Patricia Norris por 12 años de esclavitud

A sus 82 años, la veterana Patricia Morris recibe su sexta nominación a un premio que hasta ahora se le ha resistido. A pesar de no tener un Oscar en su salón, Norris es la autora de trabajos de vestuario tan absolutamente memorables como El hombre elefanteScarface. Una leyenda del gremio, esta diseñadora ha comentado que el mayor desafío de 12 años de esclavitud era documentar una realidad histórica –la vida de los esclavos en las plantaciones del Sur de Estados Unidos a mediados del siglo XIX– de la que no existen apenas documentos visuales: los pocos grabados que hay muestran una realidad idealizada, así que Norris tuvo que investigar acerca de la procedencia de los personajes y las costumbres respecto al uso, reciclaje y descarte de prendas en la época. Otro desafío ha sido el hecho de trabajar para distintos momentos históricos y espacios diferentes: recogió muestras de tierra de las plantaciones donde iba a tener lugar el rodaje con el fin de “envejecer” las prendas y darles un aspecto acorde con el escenario. Aunque quizás sea el trabajo menos espectacular, es un ejemplo de oficio y de inteligencia. Aunque muchas quinielas la sitúan como favorita, Norris ha afirmado que no sabe si ganará el Oscar “porque también está El gran Gatsby, y a la Academia le encantan sus lentejuelas”. ¿Ganará el barro a las lentejuelas? Desde luego, sería una buena oportunidad para rendir a Norris el homenaje que merece.

Ganará: Michael Wilkinson por La gran estafa americana
Debería ganar: Patricia Norris por 12 años de esclavitud