Con sólo 12 años, Simon es un preadolescente capaz de cuidar de sí mismo y de su hermana mayor. Él es quien tira de una familia de dos en la que los papeles están al revés. Mientras Louise va de trabajo en trabajo y de novio en novio pasando largos periodos fuera de casa, su hermano es quien sostiene desde hace tiempo la precaria economía familiar. En su vida no hay ni adultos, ni clases a las que acudir. Cada día, coge el teleférico que le lleva a la estación de esquí donde los ricos y adinerados de Suiza y el extranjero acuden a demostrar su destreza sobre la nieve. Simon se mueve entre ellos servicial y atento cuando la ocasión lo requiere y escurridizo e invisible si hace falta.

En la montaña –la dualidad ricos arriba y pobres abajo está presente durante toda la película– su misión es la de robar todo lo que puede (guantes, gafas, gorros, esquís…) para luego venderlo. Allí, entre familias de posibles no es sólo dinero lo que Simon busca. Pese a su apariencia de duro y autosuficiente, no deja de tener 12 años y echa en falta esa madre que lo arrope al dormir y que le de un beso de buenas noches. Es en esos momentos, cuando se deja llevar por los sentimientos infantiles propios de su edad, cuando entran en juego dos de los casi únicos secundarios de Sister: el hermano mayor y la madre soñada. Un camarero que aprovecha las dotes de ladrón de Simon para aumentar su alijo de esquís que exportar a Inglaterra y la madre de familia numerosa tierna y cariñosa en la que busca aprobación y algo de ese amor que profesa a los suyos.

Sister está narrada sin adornos, mostrando la realidad de Simon y Louise, la de una relación complicada desde el inicio donde el amor parece tener una sola dirección pero en la que la dependencia es brutal. Aplaudida en Berlín –fue galardonada con el Oso de Plata Especial– y comparada por algunos con el estilo de los hermanos Dardenne, Meier se mantiene fuera de todo juicio de valor en su segundo largometraje. Deja que sea el  espectador quien emita el suyo propio, quien juzgue a esos personajes cuya percepción cambia con el giro de guión reservado para el ecuador de la historia.

Su mano, la de la directora, se nota en un cuidado montaje plagado de planos del amplio y helado paisaje suizo que abraza a los protagonistas simbolizando la relación entre Louise y Simon. En el montaje y en la dirección de unos actores en los que la mirada es tan importante como sus gestos y líneas de texto. Ella es Léa Seydoux, la otra parte de La vida de Adele. Él, Simon, Kacey Mottet Klein, quien ya trabajó con Meier en Home, ¿dulce hogar? Entre los secundarios, Martin Compston, el protagonista de aquel retrato de la adolescencia Felices dieciséis que Ken Loach estrenó en 2002, y Gillian Anderson (Expediente X).

Aunque el título bajo el que se estrena en España es Sister, este no debe inducir a error. El verdadero protagonista de la película es Simon, encarnado por un natural y cautivador Kacey Mottet Klein. De hecho, en el original, la película se titula L’enfant d’en haut (El chico de arriba).