
No es, ni mucho menos, la primera vez que vemos reunida a una familia disfuncional, rota, en torno a un padre moribundo, que quiere redimirse segundos antes de cruzar la línea de meta. Eduard Fernández, cuyo parecido a Albert Einstein es increíblemente asombroso en el arranque del film, es en este caso un patriarca intelectual, que ha derrochado la vida en un libro monumental inacabable, que abandonó a su mujer y a sus tres hijos por una amiga de la familia, mucho más joven, claro (una serena Cristina Plaza).
Pocos piropos nuevos se pueden lanzar ya a este actor, que a pesar de que siempre logra que todos los personajes que interpreta fumen en todos los planos, les aporta a cada uno una postura corporal muy distinta. En ‘El mal padre’, que compite por la Concha de Oro, nos arrastra desde el odio a la comprensión sin apenas esfuerzo.
Meritxell Calvo, Adam Jezierski y Francesco Carril son los tres hermanos llamados a decir un adiós a un padre al que no pueden odiar más. Entre ellos mismos el trato no puede ser peor, se insultan como solo pueden hacerlo los hermanos.
Si algo tenemos que agradecer al guion (del propio director, que ya nos demostró sus dotes para la comedia en ‘La banda’ y ‘Llenos de gracia’ y Oscar Díaz Cruz) es que se muestre siempre despiadado, con los personajes y con la idea de familia misma, que no perdone a ninguno de los personajes y que su humor cruel nos lance a la carcajada, tanto como nos remueve. Es de celebrar también que rompa la asimetría propia de los protagonistas múltiples a los que hay que reservar siempre un espacio idéntico para el lucimiento. Aquí hay favoritos y descartados, como en la vida.
Hay quien ha encontrado en la propuesta demasiados paralelismos con ‘Agosto’, de Tracy Letts, e incluso frases literales. A otros nos queda la duda de si es el momento de ensalzar a figuras como la de este padre o simplemente es una terapia para sanar las heridas familiares que todos arrastramos.


