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Transformers 3
Poco se sabe aún de la celosamente guardada segunda secuela (tercera en la saga) de la franquicia Transformers, pero ante su inminente estreno, resulta conveniente expresar un par de apuntes a vuelapluma que sin duda reflejan de manera sucinta y precisa la evolución y los objetivos de una saga surgida de una franquicia de muñecos articulados y de sus responsables técnicos que están escribiendo una parte de la historia del cine actual.

No en vano, el mismísimo James Cameron, abanderado de la tecnologia tridimensional contemporánea con su magnánima Avatar, se ha apuntado al carro de los robots saliendo a la palestra para defender y vitalizar el sistema 3D que usa la película, en estos tiempos en los que esta baratija de la técnica cinematográfica comienza a perder brillo.

Pero los adelantos de metraje no engañan: Transformers: El lado oscuro de la luna promete ser un entretenimiento frenético aderezado con un poco del clásico misterio histórico pretendidamente basado en historias reales (que suele ser marca de la casa) y que, a diferencia de sus dos predecesoras, ha alcanzado el nivel óptimo de postproducción digital que permite disfrutar de manera óptima de unas trabajadísimas escenas de acción dirigidas por uno de los mejores. Michael Bay, claro. Una orgía de técnica, artificio y acción que, abusando del ‘más difícil todavía’, llevan la espectacularidad a un nivel superior.

Pero en la postproducción no está su única ventaja. La cinta, además, puede presumir de ser, con toda probabilidad, la primera película de una nueva era fílmica post 11-S. Una era en la que por primera vez en muchos años podemos ver en un blockbuster un edificio ser agujereado, destrozado y aniquilado de una forma abierta sin que el tratamiento, el tono o la imagen de esa escena esté tamizado en origen por el recuerdos del año 2001. Y no solo en este caso, en panorámicas completas, en niveles de detalle, en acción y violencia destructora y en muchos otros pequeños y superficiales detalles que hace años nos eran escatimados por lo ‘políticamente correcto’ y que ahora, por fin, Hollywood ha parecido poder asumir su vuelta.

Por estas causas, entre otras que aún están por descubrir, Transformers: El lado oscuro de la luna no promete ser una más dentro de su propia saga, ni dentro del género. Transformers es la recopilación y puesta a disposición del público de trabajos de fondo, que comenzaron años atrás, realizados por equipos (técnicos y artísticos) que han alcanzado una notable madurez fílmica dentro de un sector denostado: el blockbuster veraniego. Sin duda, y ya desde mucho antes de su estreno, una de las películas imprescindibles de la temporada.