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La jornada de hoy en San Sebastián está protagonizada por dos pillos y sus respectivos relatos. El primero, terrible y sin concesiones es El rey de La Habana de Agustí Villaronga, que sacude sin piedad dentro y fuera de la pantalla. El segundo, el protagonista de la georgiana Moira, una especie de versión caucasiana de El niño. Completa el trío diario la esperada y muy fallida Lejos del mar con la que Imanol Uribe participa fuera de concurso.

Cinco años después de presentar en San Sebastián Pa negre, que logró la Concha de Plata a la mejor actriz para Laia Marull, el director catalán Agustí Villaronga trae al Festival El rey de La Habana, película basada en una novela de Pedro Juan Gutiérrez y ambientada en la capital de Cuba en los años noventa, años particularmente duros para los habitantes de la isla.

Un chaval al que meten por error en un correccional se escapa al cabo de cinco años y empieza a buscarse la vida por las calles de La Habana. Allí se encuentra a una antigua vecina, y se mete a vivir con ella en un mugriento apartamento de una casa que se cae a pedazos, donde también vive Yunisleidi, una transexual que ejerce de jinetera, con la que también entabla una relación. Los tres se dedican a lo que pueden, venta de tabaco de contrabando, pillaje o lo que surja, para salir adelante en una ciudad que no tiene nada que ofrecer a los más desfavorecidos.

Villaronga se afana en trasladar a la pantalla el ambiente sórdido de La Habana más derelicta y putrefacta retratado en la novela original, y para lograrlo no escatima en detalles sórdidos, paisajes urbanos destartalados, casas en ruinas, suciedad y basura. No hay respiro, ni luz, ni alegría en ningún fragmento de la película, desde el principio hasta el final. Las relaciones humanas se basan en el aprovechamiento mutuo y en el sexo animal, con mujeres ancladas en amores pasados o ausentes y hombres brutales y descorazonados. Vivir es sobrevivir y ni para los cubanos, ni para los espectadores, hay tregua.

El georgiano Levan Tutberidze ha presentado Moira, la película que representará a su país en los próximos Oscar y que compite aquí en la sección oficial. La cinta relata una historia mil veces vista: un joven vuelve de la cárcel por un lío en que no debía tener mucha culpa y poco a poco se ve enredado en otro aún más delicado. Pese a lo rutinario de la premisa, la cinta se ve con cierto interés y llega a manejar adecuadamente la tensión del thriller. Nada especial, por lo que a buen seguro pasará sin pena ni gloria por el certamen.

Uribe vuelve al Zinemaldi

Una vez más, Imanol Uribe vuelve a la sección oficial del Festival de San Sebastián que le otorgara la Concha de Oro por sus Días contados en 1994. En esta ocasión, con Lejos del mar, el realizador vasco vuelve a retomar la temática etarra en una historia que de puro riesgo resulta irreal. La historia de la hija de una víctima de ETA que toma contacto con el asesino de su padre, liberado de la cárcel por la doctrina Parot.

Todo en la película respira irrealidad y sobreesfuerzo por hacer creíble una historia mal construida con una fina y previsible línea argumental que desemboca en un final del que es imposible ser partícipe. Menos mal que el complicado trabajo de dar vida a estos personajes corre a cargo de dos animales interpretativos como Eduard Fernández y Elena Anaya, porque, al menos, existe una voluntad de salvar los muebles en una película en la que todo hace aguas. En el pase de prensa la cinta ha sido acogida con risas y aplausos en los momentos más delicados de la cinta.

María Pérez / Fernando de Luis-Orueta / Pablo López