'Wall·E'

Con la Navidad llega un pequeño receso que siempre es oportuno aprovecharlo para tomar aire y reflexionar. Es un momento especialmente oportuno porque después del aluvión de los galardones de la crítica y de las primeras nominaciones de los gremios puede parecer que sabemos más sobre la carrera por los Oscar de lo que realmente conocemos.

Digo esto ante la tentación de predecir los Oscar únicamente a golpe de estadística. Hacerlo es un error por diferentes motivos. El principal, claro, es que todavía nadie ha dado con la regla perfecta, aquella que permita predecir con precisión los gustos de la Academia. La razón reside en que esta organización es diferente cada año con la desaparición de algunos miembros y la entrada de otros: a nadie se le escapa que los Oscar de los últimos años nada tienen que ver con los que se entregaban hace diez años. Por ello, la regla válida para ayer, hoy no sólo es inservible, sino que conducirá a error.

La única pauta que nunca hay que perder de vista es el peculiar sistema de votación que se aplica a la primer ronda: el proceso es largo de explicar (nosotros ya lo hicimos aquí) pero en resumidas cuentas significa que la única forma de garantizarse la nominación no es recibir muchos votos, sino que esos votos estén en el primer lugar de preferencia. Por tanto, la películas que gusten pero que no levanten pasiones, tienen muy complicado lograr la candidatura. Muchas veces se pone el ejemplo de Dreamgirls, la gran favorita de hace un par de años, que se quedó fuera de las nominaciones por esta vía. En la pasada edición lo propio debió ocurrir con películas como Hacia rutas salvajes, Sweeney Todd o La escafandra y la mariposa.

Sumando ambas premisas, el resultado es que vivimos en una gran incertidumbre en la que los premios de la crítica, los únicos que se han fallado hasta ahora, pueden servir para alumbrar el camino, pero sin tomarlos como dogma de fe. Estos galardones tienen un pecado original para los votantes de los Oscar, integrantes de la industria del cine: los críticos son esos personajes que se esconden detrás de una columna en un periódico que destrozan sin miramientos su trabajo. Su docta opinión sólo logra influir cuando es unánime: eso pasó hace dos años con Helen Mirren y Forest Whitaker (aunque probablemente hubieran ganado el Oscar de todas formas) y, más aún, orientó la victoria de la pasada edición: No es país para viejos logró configurarse como favorita, no cuando arrasó entre los críticos, sino cuando empezó a cosechar victorias entre los gremios profesionales.

El problema es que este año los galardones de los críticos están arrojando pocos favoritos. Ninguna película está acaparándolos, no hay ningún intérprete protagonista que se haya destacado muy por encima de los demás, ni ningún guión que triunfe por encima de los demás. La única que persona que ha puesto de acuerdo a la mayor parte de asociaciones es Penélope Cruz como mejor actriz de reparto por Vicky, Cristina, Barcelona.

Pero más allá de la unanimidad, hemos también de buscar la tendencia. Y quizá la más llamativa sea la de incluir Wall·E más allá de la categoría de mejor película animada. ¿Puede la cinta de Pixar lograr la soñada nominación al Oscar a la mejor película, que buscan con tanto ahínco? Por qué no. Hay una quinta plaza libre entre las favoritas a mejor película por detrás de El curioso caso de Benjamin Button, Slumdog Millionaire, Mi nombre es Harvey Milk y El desafío (Frost contra Nixon). Varias cintas se están pegando por lograrla: La duda, Revolutionary Road, The Reader, El caballero oscuro y, por supuesto, Wall·E, una de las favoritas de los críticos.

Es aquí donde hay que traer más que nunca a colación el sistema de votación de los Oscar. ¿Puede una cinta de animación lograr muchos votos en primera posición en una Academia donde los actores (tan temerosos de la creación digital de personajes) son mayoría? No lo tiene fácil, desde luego. Y más aún cuando Wall·E, siendo una buena película, no es Buscando a Nemo o Ratatouille, dos cintas que, pese a su excelencia, se quedaron muy lejos de la nominación a los Oscar.