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Época reflejada una y mil veces en el cine, la Navidad tiene lados oscuros, asperezas y bondad conglomeradas en una fiesta contradictoria, divertida, entrañable, melancólica y nostálgica a la vez. El cine ha reflejado todo eso en una serie de películ...
Época reflejada una y mil veces en el cine, la Navidad tiene lados oscuros, asperezas y bondad conglomeradas en una fiesta contradictoria, divertida, entrañable, melancólica y nostálgica a la vez. El cine ha reflejado todo eso en una serie de películas que citaré a continuación para que las veáis durante estos días tan especiales (u horribles para algunos, según se mire):

“Qué bello es vivir”(Frank Capra, 1946):

La película navideña por excelencia, el clásico relato de un hombre desesperado que en nochebuena decide acabar con su vida, encontrándose a un ángel que le mostrará lo que habría sido de la vida de los que ama si él no hubiese nacido. Clásico entre clásicos y la arquetípica película de su director, “Qué bello es vivir” se estrenó después de la Segunda Guerra Mundial y coincidió con el momento en el que se decía que el cine de Capra y sus buenos sentimientos de cuento de hadas había pasado de moda. Su desastre en taquilla hundió al estudio que la produjo( fue la primera y última película de Liberty Films) y en los Oscars la mucho más realista “Los mejores años de nuestra vida” (William Wyler, 1946) la venció en las categorías importantes. Pero el tiempo es sabio y en los años 70 las televisiones comenzaron a programarla. Ironías del destino: la casualidad quiso que alguien se olvidase de registrar sus derechos y pasó a formar parte del dominio público. Así, cualquier televisión del mundo podía programarla sin pagar ni un duro. Eso hizo que la crítica la revisase y que se convirtiese en tradición mundial ( y sobre todo americana) programarla cada año. Y si no hay navidades sin esta película es por una buena razón: James Stewart encarna como nadie ( ésta fue siempre su película favorita de entre todas las obras maestras que rodó con gente como John Ford, Hitchcock, Anthony Mann o Lubischt) al héroe cansado de serlo, un pobre hombre harto de hacer el bien y con el duro papel de santo a sus espaldas, en un relato reminiscente de Dickens y con un lado oscuro nada desdeñable que crítica al capitalismo feroz y a la dureza del mantenimiento de los ideales. La galería de actores como Donna Reed, Lyonel Barrymore o muchos otros, la fotografía en blanco y negro, la nieve, el retrato duro y bonito a la vez de una típica ciudad de provincias americana y el sobrecogedor final en el que es duro no soltar una lágrima, hacen de ésta la gran película navideña de la historia del cine.

“Solo en Casa”(Chris Columbus, 1990):

La comedia que batió records ( para sorpresa de muchos, recaudó casi 500 millones de dólares en todo el mundo y fue la película más taquillera del año de su estreno por encima de clásicos pop como “Ghost” o “Pretty Woman”) y convirtió a Macaulay Culkin en el niño más famoso de la historia del cine junto a la repipi Shirley Temple. Fue también el mayor éxito del productor John Hughes, especialista en retratar la infancia y adolescencia americanas desde un tono lúdico y reflexivo en los 80, y también el inicio de su declive (Hughes pertenece ya a la galeria de la nostalgia de una época que no volverá…). La simple historia de un niño que se queda solo en Navidad mientras que su familia al completo se va a Paris olvidándolo da lugar a un robo de dos torpes ladrones que se las verán con el infante en toda una serie de trampas que recuerdan al mejor “slapstick” del cine mudo, ese que llevase a la fama a Chaplin o a Buster Keaton a base de tartazos, golpes y humor físico. También hay cabida para los buenos sentimientos, el retrato preciosista de la Navidad en los suburbios americanos (se rodó en una rica zona residencial de Chicago) y para la mejor (ojo, la mejor sin duda) banda sonora navideña de cualquier película de la historia del cine, la del genial John Williams (nominada al Oscar) Si la emiten todos los años sin parar será por algo. “Solo en Casa” no es buena, pero para los de mi generación es un mito de la infancia, un clásico de los primeros 90 y la película que puso de moda el cine infantil durante los mismos años que duró la efímera carrera de su protagonista, el repelente y encantador Culkin.