The big bang theory

Últimamente me es más fácil seguir un formato de comedia de media hora (entre 20 y 22 minutos sin anuncios) que uno de una hora de drama. En la actualidad creo que el género cómico está viviendo una época de esplendor en la televisión norteamericana. El hecho de librarse de las cadenas del formato sitcom (Friends, Seinfeld, Las chicas de oro…) nos ha brindado algunas joyas de la televisión reciente (Arrested development, 30 Rock…). Pero para la crítica las sitcoms han quedado relegadas a un segundo plano como formato menor, anticuado, obsoleto. Y es hora de reivindicarlas.

Hace tres años la CBS apostó por una trama aparentemente abocada al fracaso y que parecía beber mucho del formato británico The IT Crowd. En el papel, las peripecias de cuatro frikis y la vecina buenorra de enfrente podían parecer material para un chiste corto. Además, las bromas y referencias al mundo de los videojuegos, los cómics y la ciencia ficción les limitaban a un nicho de audiencia muy especializado. Pues nada de eso.

The Big Bang Theory nacía en septiembre del 2007 y, como a todas las sitcoms, le costó un poco encontrar su tono y su equilibrio. Su primera temporada además tuvo que enfrentarse a la famosa huelga de guionistas del 2008 (¿alguien se acuerda ya de ella?) y aun así logró fidelizar a una media de 8 millones y medio de americanos. Este año en su tercera temporada ya van por los 13 millones.

¿Dónde radica el exitazo de este formato? Muchos afirman que todo se debe a ese bombón de personaje que es Sheldon Cooper, interpretado brillantemente por Jim Parsons, que ha logrado que muchas de sus expresiones (como “Bazinga!” o su peculiar modo de llamar a la puerta) sean ya parte del imaginario popular norteamericano, con camisetas y todo. Pero eso es desmerecer a todo un elenco en estado de gracia del que destacaría la dulzura y excelente vis cómica de Kaley Cuoco y el descubrimiento del talento de Simon Helberg, también visto en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog o en cine en lo último de los Coen, Un tipo serio.

Como buena sitcom, trabaja y afina las relaciones e interacciones de los personajes con gran acierto. La química (interpretativa) entre Parsons y Cuoco es algo fuera de serie, como se demuestra en uno de los episodios más recientes emitidos en EE UU, The adhesive duck deficiency (los títulos de los capítulos son una muestra más del talento de sus guionistas), una de las cumbres cómicas de lo que va de año. Además las apariciones estelares son de lo más acertadas, con caras conocidas de la ciencia ficción como Will Wheaton o Katee Sackhoff, pero la palma se la lleva la gran Christine Baranski, que está inconmensurable como la madre de Leonard.

A pesar de todo el talento y de los excelentes resultados, el estigma de sitcom le ha impedido ser reconocida por los premios como se merece. Tan solo tuvo 3 candidaturas a los Emmy del año pasado, la más importante para Parsons, pero se le escapó la de mejor serie. Los Globos de Oro, por desgracia ni se acuerdan de ella.

The Big Bang Theory puede comenzar como placer culpable, pero enseguida te das cuenta de que los personajes están muy bien definidos y que los guiones están medidos con gran acierto. La sonrisa no decae en ningún capítulo y logra incluso arrancar unas buenas carcajadas. Ah, ¡y no me gustaría olvidar mencionar esos créditos geniales al son del temazo de Barenaked ladies!

Mi top 5 de episodios sería hasta ahora:

5 – The barbarian sublimation (2×03)
4 – The maternal congruence (3×11)
3 – The adhesive duck deficiency (3×08)
2 – The maternal capacitance (2×15)
1 – The bath item gift hypothesis (2×11)