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Con cuatro episodios ya emitidos en España (vía Canal + Series en VOS), Gotham se confirma como una de las posibles decepciones de la temporada ‘seriéfila-comiquera’. Lo de posible es porque todavía le queda camino por recorrer y aún puede levantar el vuelo. La semilla la tiene. Y el material en el que inspirarse, también. Sólo hace falta que la primera germine y que sus responsables echen un vistazo a los grandes títulos impresos de Batman. Aunque sólo sea para tomar prestado el tono, el ambiente y alguna que otra idea argumental.

Bastaría, hasta cierto punto, con que el Pingüino siga siendo uno de los verdaderos protagonistas de la trama principal y que pasen a un más que segundo plano personajes tan insípidos como Bárbara, compañera sentimental del verdadero protagonista, Jim Gordon. Un personaje que nunca ha gozado de demasiados planos en películas y series anteriores y que en Gotham es presentada como una guapa mujer florero con secretos de juventud.

Lo mejor que tiene Gotham hasta el momento es el retrato de Oswald Cobblepot, el que luego se convertirá en el Pingüino. Un villano en ciernes al que da vida el inquietante Robin Lord Taylor. Con su nariz puntiaguda y sus andares característicos, el joven Oswald es un ser ya despreciable y grimoso desde antes de mudarse a las alcantarillas de Gotham. Un advenedizo que sólo mira por su propio beneficio y que es capaz de vender hasta a su madre con tal de escalar posiciones. En sólo cuatro episodios pasa de mano derecha de una caricaturizada mujer de negocios turbios a soplón del mismísimo Gordon, aunque este no termine (no sin razón) de fiarse de él. Robin Lord Taylor, en el papel, es más que convincente.

Algo más parece haberle costado a Ben McKenzie hacerse con el que a la larga se convertirá en el comisario Gordon. A su favor, hay que decir que es complicado estar a la altura del personaje al que Gary Oldman dio vida en la saga de El Caballero Oscuro. En el primer episodio deja frío al respetable, pero poco a poco se va metiendo en la piel del íntegro Gordon y haciéndolo suyo. Lo que se podía intuir como un error de casting al comienzo no lo ha sido tanto.

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No ocurre lo mismo con otros como los futuros Enigma (Cory Michael Smith) o Catwoman (Camren Bicondova). Algo falla en ellos. De Bruce Wayne (David Mazouz) poco se puede decir. Gotham lo presenta como un niño rico, algo consentido, huérfano traumatizado y algo enclenque que está obsesionado con vengar la muerte de sus padres y que encuentra en Jim Gordon a su mejor aliado, una especie de mentor. Los murciélagos, se supone, entrarán en acción en algún momento.

En cuanto a la ambientación, llama la atención que pese a que Gotham goza de una entidad y oscuridad propias características, la que se ve en la serie no dista mucho de ser una Nueva York algo retocada. Aunque también es verdad que la primera se basa en la segunda. Por suerte, en el último capítulo se pudo ver –aunque sólo la verja de entrada–Arkham, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad condenada que Batman y Gordon siempre intentaron salvar.

Si Gotham se centra más en el crimen organizado –léase Falcone contra Maroni– y en la lucha en plan Llanero Solitario de Jim Gordon por frenarlo y menos en casos absurdos como en del asesino de los globos sonda, puede que levante el vuelo y no engrose el capítulo de decepciones. Porque Gotham, al contrario que otras series sacadas del mundo de las viñetas, tiene en su contra las expectativas generadas desde su anuncio. Se espera algo de ella que no se espera de otras como The Flash, pero este será otro episodio de este blog.

(Fotos: Canal +)