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Por segundo año consecutivo, llegamos a la ceremonia de los Oscar con el premio a la mejor película muy poco claro. Si el año pasado la pugna era más radical entre la aventura espacial Gravity y el drama sureño 12 años de esclavitud, en esta edición son dos títulos que nadie dudaría en clasificar como “cine de autor” los que parecen pelearse a muerte y papeleta a papeleta por la estatuilla: Boyhood, de Richard Linklater; y Birdman, de Alejandro González Iñárritu.

El enigma es, seamos sinceros, imposible de resolver antes de que al alba de este lunes se abra el sobre en el escenario del teatro Dolby de Los Ángeles y se proclame el nombre del ganador. Todo lo más que se puede ofrecer son pistas, indicios y alguna información sobre cómo se recuentan los votos para que cada uno se haga su composición de lugar.

Empecemos por lo más objetivo y, en opinión del que firma, lo más inútil para predecir los Oscar: la estadística. Saber cuánto coinciden los premios de los gremios con los gustos de la Academia sólo debe de ser tomado como un indicio sin capacidad de pronóstico alguno. Los votos no son matemáticas, son papeletas rellenadas a mano por un cuerpo electoral cambiante, sometido a algo tan voluble como el gusto y, peor aún, la relación personal –a la falta de ella- con los candidatos. Así que la estadística debe de ser tomada sólo como referencia general y no como el oráculo de Delfos.

La estadística habla en contra de Boyhood. La cinta de Linklater ha sido, en términos generales, la ganadora de los premios de la crítica, que poca correlación guardan con los ganadores de la Academia –el interés de estos galardones sólo aplica de cara a las nominaciones de los Oscar, ayudando a dar visibilidad a candidatos con menos recursos para hacer una campaña promocional-.

Boyhood también ha sido la ganadora del Globo de Oro a la mejor película dramática, pero no está claro si eso es o no un buen indicador. En los últimos 30 años, ambos premios han coincidido 21 veces, pero es justo la última década la que arruina el ratio de coincidencia: sólo la mitad de las veces una película ha ganado ambos galardones.

Más se vienen pareciendo los Bafta británicos: siete coincidencias en diez años. Y, cerrando un poco el foco, 100% de acierto en las últimas seis ediciones. Este año la ganadora de los Bafta ha sido Boyhood. Veremos si siguen ampliando su prestigio como pronosticadores.

En cambio, los premios de los gremios de Hollywood hablan contundentemente a favor de Birdman, que se ha alzado con la victoria en los galardones de los productores, directores y actores. En los últimos 20 años, ocho películas han sumado estas tres estatuillas y sólo una de ellas se quedó sin el Oscar a la mejor del año (Apollo 13 frente a Braveheart). ¿La película de Iñárritu engrosará la estadística o será la segunda excepción que cumpla la regla?

Algunas pinceladas más sobre los premios de los gremios antes de pasar al siguiente capítulo. El ratio de similitud del premio de los directores con el Oscar a la mejor película es el mayor de todas las organizaciones de premios: un 76%. El segundo mejor ratio es el de los productores (68% de coincidencias), que ofrece además una gran ventaja a los que estudiamos esta materia: se recuentan con el mismo sistema que el Oscar a la mejor película, las papeletas preferenciales, del que hablaremos enseguida. Mucho menor es la coincidencia entre el premio al mejor reparto del gremio de actores –la categoría reina en esta asociación-, que se queda a las puertas del 50% de coincidencia. Todos estos datos son profusamente analizados en la web Fivethirtyeight.com, una referencia en el análisis de los procesos electorales de Estados Unidos, que ha elaborado esta utilísima infografía:

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A todos estos datos hay que añadir uno más mirando exclusivamente a los Oscar: con 16 películas como director, Richard Linklater suma cinco nominaciones a los Oscar: dos en años anteriores como guionista y tres de esta edición como productor, director y guionista de Boyhood. En cambio, con tan sólo cinco largometrajes dirigidos, Alejandro González Iñárritu acumula el mismo número de candidaturas que Linklater: director y guionsta de Babel y, al igual que su rival, productor, director y guionista de Birdman; a las que habría que añadir las nominaciones a mejor película extranjera de Amores perros y 21 gramos. Podríamos inferir que la Academia no tiene en la misma estima a ambos realizadores.

Pero más allá de la estadística, es necesario hablar un año más del complejo sistema de recuento que la Academia emplea para el Oscar a la mejor película del año –y que también usa, por cierto, para proclamar a los nominados de casi todas las categorías en la primera ronda de votaciones-. El gran premio de la noche no se otorga por mayoría simple (es decir, la candidata que haya obtenido mayor número de votos) sino que se determina aplicando el complejo sistema denominado de papeletas preferenciales, que busca una corrección estadística para que la cinta triunfadora sea del gusto de la mayoría.

Teniendo ocho nominados –recordemos que puede haber hasta diez- una cinta podría llevarse el Oscar con muy pocos votos. Si en un año con 10 candidatas votaran los 6.000 miembros de la institución, bastaría con 601 sufragios (el 10% más uno) para ganar el premio a la mejor película del año. Esta cifra es, evidentemente, muy baja y no representa ninguna mayoría sustancial. Además, facilitaría que un gran estudio pudiera falsear el resultado haciendo votar por su nominada a todos sus empleados que sean también académicos.

Con el sistema de las papeletas preferenciales, en lugar de votar por un nominado los académicos enumeran del 1 al 8 (o al número que corresponda) las candidatas: de la que más les ha gustado a la que menos. Los resultados se escrutarán usando el sistema de papeletas preferenciales, el mismo que se lleva aplicando desde 1936 en el proceso de nominaciones, pero que solo se había empleado en la votación final en la categoría reina de 1934 a 1945 y que se usa de nuevo desde 2009, cuando se amplió el número de nominados a mejor película hasta diez.

Al principio del recuento, los auditores de PriceWaterhouse Coopers separan las papeletas en montones, basándose en qué película de las candidatas figura en primera posición. Si una de ellas tiene más del 50% de los votos se la declara ganadora (algo poco probable, pero posible en determinadas ediciones). Si no, la película que haya obtenido el menor número de sufragios es eliminada de la competición y sus papeletas se redistribuyen entre las restantes candidatas atendiendo a qué título figura en segunda posición.

Si con esta segunda tabulación, sigue sin haber ninguna película que acumule el 50% de las papeletas, se elimina el título que tenga menos apoyos y, como en el caso anterior, sus papeletas se redistribuyen. Y así sucesivamente, se van eliminando los montones con menos votos hasta que uno alcance el 50%.

La Academia pretende con ello lograr un verdadero consenso y premiar a la película que verdaderamente tenga el apoyo de la mayoría de sus miembros. Es decir, para ganar -salvo casos excepcionales de un apoyo abrumador- es necesario recibir votos no sólo en primer lugar sino también en segundo, tercero o cuarto. Incluso puede darse el caso de que una película haya obtenido el mayor número de votos en primer lugar, pero se quede sin premio porque otra cinta haya obtenido menos números 1 pero más 2 o 3.

Por tanto, para pronosticar si la ganadora del Oscar será Birdman o Boyhood habría que saber cuál de las dos cuenta con un apoyo más universal. Y no hablamos de cuál tiene más fans sino cuál recibirá más votos en posición 2 o 3. Por la naturaleza de la cinta de Iñárritu parece probable que resulte la favorita de los actores –el gremio más numeroso de los que integran la Academia- mientras que la obra de Linklater puede ser algo más transversal, que se beneficie del prestigio de sus doce años de elaboración y la sensación de piedra miliar en la historia del cine.

Según este cálculo bien podría ocurrir que el premio al mejor director, que se elige por mayoría simple entre todos los votantes, vaya a manos de Iñárritu, aupado por el grupo de defensores de la película. Y, en cambio, que el Oscar a la mejor cinta del año sea para Boyhood que, levantando menos pasiones, pueda beneficiarse de la admiración general de toda la industria.

No hemos de esperar mucho más. En unas pocas horas, sabremos si son más acertadas las estadísticas o el análisis metodológico. Porque estos son los Oscar, la magia del cine condensada en una estatuilla de un espadachín dorado.