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Después de muchos meses de una carrera tan irregular como sorprendente, esta noche se entregan los Oscar 2014, una edición en la que aparentemente tres películas tienen serias posibilidades de ganar el premio a la mejor del año.

La primera es la candidata, digamos, oficial, la que reúne todos los requisitos que hay que tener, la que tiene los méritos artísticos y la que cumple la estadística. 12 años de esclavitud es la candidata perfecta: una historia sobre la esclavitud dirigida por un director negro. Un hombre de inmenso talento al frente de un reparto excepcional. Una producción de época impecable. Nominada en todos los grandes premios del año y ganadora del Globo de Oro, del BAFTA y (ex aequo) del premio de los productores de Hollywood. No es la más nominada de la noche (por los pelos) pero tiene todas las candiaturas que tradicionalmente se entiende que es imprescindible tener para ganar el gran Oscar: el director, un protagonista, el guión y el montaje. Pero los Oscar no son los mismos que hace 20 años: ser la candidata ideal ya no basta. Una película como esta sólo puede pasar por la puerta grande pero la cinta de Steve McQueen queda muy lejos de levantar pasiones.

La segunda es la favorita de los actores, según demuestra su pleno en las categorías de interpretación: La gran estafa americana es la única cinta que tiene a cuatro actores nominados, una verdadera rareza en la historia de los Oscar -y que tiene uno de sus pocos precedentes en un ejemplo bien cerca: El lado bueno de las cosas, el año pasado mismo, dirigida también por David O. Russell). Además fue la ganadora del premio del gremio de actores de Hollywood al mejor reparto -el galardón máximo de esa asociación-. Los intérpretes, bien es cierto, son la población mayoritaria de la Academia, pero las reglas de votación y recuento -como explicaremos más adelante- no facilitan el triunfo de una película sólo con un apoyo sectorial.

La tercera es la película industrial pero arriesgada, el prodigio técnico que ha logrado trascender el cine de palomitas para conseguir el aprecio de buena parte de la crítica y de los cinéfilos. Gravity, además, tiene una ventaja añadida: pese a ser una del espacio es una cinta de autor. Alfonso Cuarón ha marcado un hito en la historia del cine reciente y la Academia lo sabe. Sin embargo, no ha sido la ganadora de gran cosa este año. Con sólo dos actores, no ha logrado premios de interpretación ni un apoyo sustancial de ese gremio; tampoco ha sido la niña bonita de los premios de la prensa, los Globos de Oro no se han atrevido a premiarla, y los BAFTA lo han hecho pero poco llamándola “mejor película británica” (sic) en lugar de “mejor película”.

Por tanto, ninguna de las tres llega a la ceremonia de esta noche tranquila. Todas tienen sobre el papel, y por los motivos anteriormente expuestos, una oportunidad real para el triunfo. Pero ese puesto está reservado sólo para una. ¿Cuál? Si el recuento de votos se hiciera de forma convencional sería casi imposible predecirlo. En una victoria por mayoría simple la victoria estaría seguramente entre las dos primeras: 12 años de esclavitud con el nicho afroamericano más el británico -su director y parte del reparto lo es- y La gran estafa con el grueso de los actores. Pero la tabulación de los votos dista mucho de ser sencilla: el sistema de la Academia, el decimonónico de papeletas preferenciales, impide la victoria por la mínima en busca del candidato más ampliamente aceptado.

El procedimiento completo lo explicamos aquí, pero resumidamente exige que la ganadora reúna el 50% de los votos. Como ninguna cinta lo logrará en un primer recuento, las papeletas se redistribuyen en función de los títulos que figuren en el segundo (o tercer, o cuarto, o hasta quinta posición) una y otra vez hasta que una película alcance la mitad de los votos.

La gran estafa americana tendrá un buen número de votos en la posición 1. Muchos actores habrán votado así, pero con toda probabilidad no los suficientes. En cambio, es difícil imaginar que sume muchos votos en las posiciones 2 o 3. Quienes voten como opción 1 Nebraska, Philomena, la propia Gravity o, desde luego, El lobo de Wall Street no tendrán la cinta de David O. Russell entre sus favoritas. Y más aún teniendo en cuenta que se producirá cierto voto de castigo: académicos que estén en desacuerdo con la abultada y discutible presencia de este título como el más nominado del año y se aseguren de relegarlo en su papeleta a las posiciones finales.

Algo parecido ocurrirá con 12 años de esclavitud, aunque con menos inquina. Porque el problema de esta película, lo mencionábamos antes, es la falta de apasionamiento. 12 años de esclavitud está llamada a figurar en la parte intermedia de la papeleta, a medio camino entre las películas que más hayan seducido al votante y las que menos le hayan interesado. Ni frío ni calor. Muy igualados tendrían que estar los votos en posición 2 y 3 para que llegara a sumar votos de esta zona intermedia.

En cambio, Gravity es una película que difícilmente liderará la votación en una primera vuelta. Muy cara y arriesgada para los productores, con pocas oportunidades -y muy sacrificadas- para los actores, dirigida por un mexicano que sólo tiene un pie en la industria americana… En cambio, es una experiencia única para el espectador insuflada de cierto aire de histórica. Es fácil imaginar su título frecuentemente repetido en las posiciones 2, 3 o 4 de las papeletas. Su número de votos crecerá alegremente según avance el recuento y se den más vueltas a la tabulación.

De hecho, Gravity fue la ganadora ex aequo del premio a la mejor película del gremio de productores -empatada con 12 años de esclavitud-, el único que comparte sistema electoral con los Oscar. Proyectando ese resultado a los Oscar, la diferencia la marcan todos los miembros de ramas técnicas de la Academia, favorables por su propia naturaleza, a la cinta de Cuarón.

Estadísticamente -que es lo que busca el sistema de las papeletas preferenciales- Gravity es que ha gustado a más gente -incluso aunque sea favorita de pocos-. Y para colmo, de camino al sobre de mejor película, escuchará muchas veces su nombre al entregar los Oscar técnicos. Cuando todo haya acabado y echemos la vista atrás, se observará como un triunfo contundente.