Por primera vez el Oscar a la mejor película del año y a la mejor película extranjera coinciden en el mismo título: Parásitos, del surcoreano Bong Joon Ho. Es la culminación de un proceso de globalización de unos premios que desde ahora ya son la cúspide del recorrido de los grandes títulos del año.

Después de que en la pasada edición Roma, de Alfonso Cuarón, se quedara en puertas; de las estatuillas a mejor dirección a los tres amigos mexicanos -Cuarón, del Toro, Iñárritu-; de la victoria de la francesa pero muda The Artist; del Oscar a Pedro Almodóvar como guionista; de las nominaciones cada vez más frecuentes de cineastas extranjeros en todas las categorías, los Oscar han dejado hoy de ser un premio de y para Hollywood a ser un premio de Hollywood para el cine mundial.

Bong Joon Ho ha sido también el primer ganador de la rebautizada categoría Mejor película internacional, un cambio de nomenclatura que ha quedado obsoleto en la misma noche de su estreno. ¿Qué sentido tiene este apartado si el cine internacional se mide de igual a igual con el estadounidense en la categoría reina?

Parásitos ha completado su cuarteto de premios con los de mejor guión y dirección, dejando claro que su victoria es clara y rotunda y que el discutible sistema de votación no siempre beneficia al mediocre.

La victoria histórica de la cinta coreana, una cinematografía hasta ahora inédita en los Oscar, ensombrecidos el resto de resultados, que de previsibles parecen salidos de otra época: Joaquin Phoenix (Joker), Renee Zellweger (Judy), Brad Pitt (Érase una vez en… Hollywood) y Laura Dern (Historia de un matrimonio). Nada que reprochar pero esta selección de estrellas blancas anglosajonas suena a canto del cisne de una época que ya pasó.

Los tres premios de 1917 (fotografía, efectos visuales y mezcla de sonido) saben a derrota. El Oscar de Toy Story 4 por encima de Klaus suena a estertor de un tiempo pretérito. El galardón a Jojo Rabbit como mejor guión adaptado una caricatura sólo comparable con el triunfo de Green Book el pasado año. Sólo las Elsas del mundo entero convocadas para interpretar la canción nominada por Frozen II, ‘Into the Unknown’, han tenido sentido en el devenir de la ceremonia.

Los Oscar son tan globales como la industria que promocionan, que ya no entiende de fronteras ni de idiomas, que ha cambiado los multicines por las plataformas de distribución de contenido y la generación de contenidos para el americano medio por la necesidad de satisfacer a una audiencia dispersa por el planeta y muy concentrada en Asia.

La Academia no ha terminado el trabajo, pero sus esfuerzos están dando grandes resultados. En los próximos años toca afianzar. Pero ya no hay vuelta atrás.

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