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CRÍTICA: 'Lope'

Con un reparto coral como pocos se recuerdan en el cine español, encabezado por Alberto Ammann, Leonor Watling y Pilar López de Ayala, las aventuras de Lope, un joven y aventurero Lope de Vega, vienen de la mano del director brasileño Andrucha Waddington, que no ha dudado un momento en desplegar todo el esplendor del Siglo de Oro español y zambullirse de lleno en la poesía del dramaturgo para construir una cinta de amor, aventura, versos y espadas. 

El joven Lope regresa de la guerra a la Madrid del siglo XVI, una ciudad en construcción. En la búsqueda de sus objetivos vitales, mientras decide qué hacer con su vida, conoce a dos mujeres antitéticas: una liberal, hija de un empresario teatral de éxito, que puede ayudarle a dar un paso más en su carrera como dramaturgo; y una noble soñadora que podría proporcionarle la estabilidad y comodidad deseadas. Ante esta encrucijada, en la que descubrirá el verdadero significado de amar, a Lope de Vega se le presentan aventuras, desventuras y persecuciones que, aunque en algún momento puedan resultar sorprendentes, están conjugadas perfectamente con la pura biografía del poeta, haciendo compatibles el rigor histórico y el entretenimiento.

Alberto Ammann no está solo en esta aventura. Muy al contrario, se encuentra rodeado por lo más granado del cine español que, entre caras nuevas y grandes nombres, conforman un plantel de talentos que acompañarán al joven Lope en el descubrir de su futuro. Atractivos personajes que sacrifican su presencia en pantalla en favor de una historia de amor y aventuras que, con sus altibajos, consigue mantener la atención y el interés no sólo más allá de la pura biografía del personaje, sino creando dos estratos diferenciados que avanzan de la mano a lo largo del metraje, complementandose perfectamente y alcanzando un fantástico clímax en uno de los finales más emocionantes que se recuerdan en el cine español reciente, lo que supone un encomiable acierto para una cinta tan arriesgada como a priori puede suponer la biografía del poeta.

Aventuras románticas de afiladas espadas y afiladas palabras que se ilustran con una rica profusión de decorados, vestimentas y ambientación muy por encima de lo ya visto y que se conjugan perfectamente bien con una excepcional banda sonora, coronada por la canción compuesta ex-profeso para la película por el músico Jorge Drexler. En definitiva, uno de esos trabajos que, por muy arriesgados que puedan parecer en su génesis, son tocados por la gracia del saber hacer y muestran un producto sólido, consistente, defendible y, sobre todo, agradable y divertido para el público que va a la sala.