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Aunque parece que el premio se debate entre Michel Hazanavicius y Martin Scorsese, cada uno con un ejercicio cinematográfico basado en la nostalgia, no nos podemos olvidar de los otros tres contendientes, los tres con peso específico en Hollywood y con películas que han calado hondo en mucha gente.

Woody Allen

Woody Allen por Midnight in Paris

María Pérez
Jugando con los sueños y el hechizo de París y esa mitificación de las ciudades europeas, y más específicamente de la Ciudad de la Luz, sobre todo entre los intelectuales estadounidenses, Woody Allen construye una película que a simple vista parece un mero divertimento visual y caprichoso, con viaje en el tiempo incorporado, pero que conecta directamente con uno de los temas recurrentes del autor: si te pierdes en fantasías, también te pierdes todo lo interesante que puede llegar a ser la vida. Pero no sólo juega con todos los tópicos sobre la capital francesa, también utiliza y se ríe de los lugares comunes sobre los artistas expatriados en ella (no sólo de los americanos), y se deleita en conversaciones imaginadas, bailes y chistes, y ligues y peleas. Y también lo hace con el amor, con el hecho de que no basta éste para que perdure una pareja, también hacen falta gustos compartidos y un importante componente de azar, pero esto tampoco es nuevo en su filmografía. Desde luego el espectador sale con una sonrisa nostálgica en los labios (algo común a varias de las películas nominadas este año), pero el poso que queda es el contrario: puede que cualquier tiempo pasado fuese mejor, pero no merece la pena perderse en comprobarlo.
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Michel Hazanavicius por The Artist

Fernando de Luis-Orueta
Michel Hazanavicious. Hace pocos meses nadie era capaz ni de escribir su apellido correctamente. Pero hace pocos meses pocos tenían noticias del loco atrevimiento de este realizador francés, que apenas había dirigido un par de parodias de James Bond y algunos documentales para la televisión de pago de su país. En su cabeza bullía una idea: rodar una película muda y en blanco y negro a imagen, semejanza y homenaje a los pioneros de Hollywood. Y encima pretendía no ponerle la etiqueta de experimental sino que fuera accesible para todos. Su visión y su empeño lograron finalmente el dinero pero sólo con eso no se llega a los Oscar. Porque la clave del trabajo de Hazanavicious es lo intangible de su profesión: el ritmo, el tono y, sobre todo, la emoción. El gran logro de Hazanavicious en The Artist es hacer al espectador feliz durante una hora y media. Y haber conseguido semejante mérito hace que un Oscar parezca un premio muy acertado.
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Terrence Malick por El árbol de la vida

Samuel Pérez
Terrence Malick es la rara avis por antonomasia del cine estadounidense. En casi 40 años de carrera como director tan sólo ha dirigido cinco películas. Eso sí, cada vez que se ha puesto detrás de la cámara ha realizado una obra que ha pasado a la Historia del cine. Desde Malas tierras y Días del cielo (Oscar para la fotografía de Nestor Almendros) en los 70 a las más recientes La delgada línea roja (sus dos primeras nominaciones como director y guionista) y El nuevo mundo. En un arranque de productividad, prepara ahora hasta cuatro nuevos proyectos para los próximos dos años. Desde que ganó la Palma de Oro en Cannes, El árbol de la vida ha dividido a los espectadores entre los que ven un depurado ejercicio acerca de la infancia y los miedos inherentes al ser humano, y los que no aguantaron un ritmo cenagoso y la calificaron de pretenciosa. En cualquier caso el cine de Malick no deja indiferente y muchos miembros de la Academia tienen ganas de premiar a uno de sus directores más personales. Entre la revelación de Hazanavicius, la maestría de Scorsese y el buen hacer de Payne, ¿podrá el heredero de Kubrick dar la sorpresa?
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Alexander Payne por Los descendientes

Rubén Miguélez
Alexander Payne ya sabe lo que es ganar un Oscar gracias al guión de Entre copas, película por la que también fue candidato a la estatuilla como mejor director en 2005. Este domingo repite nominación por Los descendientes, un proyecto para el que se ha tomado siete años desde su último largometraje, y es que si Payne se caracteriza por algo es por el mimo y el cuidado que pone en la realización de cada una de sus películas. En Los descendientes se traslada a Hawaii para contarnos la historia de un padre de familia al que se le viene el mundo encima: su mujer está en coma tras un grave accidente, sus primos le presionan para que venda unos terrenos familiares y sus dos hijas suponen una constante lucha. Payne nos ofrece con maestría una visión terrenal y realista del combate de un hombre consigo mismo y con los problemas a los que tiene que hacer frente, y lo hace con tal acierto que hasta parece sencillo. Nos regala, además, unos actores en estado de gracia dirigidos con una brillantez que pocos pueden conseguir, y localizados en parajes casi paradisíacos que Payne trata como a un ser humano más, mostrando una cara de Hawaii tan cercana al espectador como cualquier otro personaje. Con esta película Payne se ha consagrado como uno de los directores más preocupados por la textura y el realismo de sus películas, y bien merece un Oscar por ello.
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Martin Scorsese por La invención de Hugo

Pablo López
El maestro Scorsese llega bien posicionado a la noche de los premios Oscar. A pesar de contar con una atípica propuesta entre las manos para los que estamos familiarizados con su filmografía: una película de aventuras infantil en tres dimensiones. Una vez visionado el invento cabe matizar un poco esa definición tan abstracta, pero su talento a la hora de mover la cámara rezuma en cada uno de los poros de esta La invención de Hugo, hasta el punto de que ya solo con el prólogo queda claro de que no hay un cualquiera tras la cámara, y que solo un genio de la planificación, el ritmo y el lenguaje cinematográfico es capaz de idear algo semejante. Scorsese se enfrenta a pesos pesados de la carrera a los premios, pero su presencia cobra cuerpo con su Globo de Oro y los premios de la crítica recabados durante estos meses atrás. Hace cuatro años que Martin Scorsese ganó su primer Oscar, ¿será hora de ganar el segundo?
Ganará: Michel Hazanavicius por The Artist

Debería ganar: Alexander Payne por Los descendientes